La falsa naturalidad del liberalismo económico

julio 18, 2013

Portada del libro Leviatán, de Thomas Hobbes

La vía del librecambio ha sido abierta, y mantenida abierta, a través de un enorme despliegue de continuos intervencionismos, organizados y dirigidos desde el centro.

Hacer que la «libertad simple y natural» de Adam Smith sea compatible con las necesidades de la sociedad humana es un asunto muy complicado. La complejidad de los artículos de innumerables leyes sobre las enclosures lo pone de manifiesto, al igual que la extensión del control burocrático exigida por la administración de las nuevas leyes de pobres, que, a partir del reinado de Isabel, han sido efectivamente supervisadas por la autoridad central; y también el crecimiento de la administración gubernamental, inseparable a su vez de la meritoria tarea de poner en marcha una reforma municipal. Y, sin embargo, todas esas ciudadelas de la injerencia gubernamental se erigieron con la intención de regular la liberalización de la tierra, el trabajo y la administración municipal. Del mismo modo que la invención de máquinas que economizarían trabajo no ha hecho disminuir, al contrario de lo que se esperaba de ellas, sino que ha hecho aumentar la utilización del trabajo del hombre, la introducción de mercados libres, lejos de suprimir normativas, regulaciones e intervenciones, ha potenciado enormemente su alcance. Los administradores tuvieron que estar muy en guardia para asegurar el libre funcionamiento del sistema. Fue así como, incluso aquellos que deseaban ardientemente liberar al Estado de funciones inútiles y cuya filosofía exigía la restricción de sus actividades, se vieron obligados a otorgarle poderes, órganos y nuevos instrumentos, necesarios para la institucionalización del laissez-faire.

Esta paradoja se ve superada por otra. Mientras que la economía del librecambio constituía un producto de la acción deliberada del Estado, las restricciones posteriores surgieron de un modo espontáneo. El laissez-faire fue planificado, pero no lo fue la planificación. Hemos mostrado ya la verdad de la primera parte de esta aserción. Si alguna vez ha existido una utilización consciente del poder ejecutivo al servicio de una política deliberada dirigida por el gobierno, fue la emprendida por los discípulos de Bentham en el heroico período del laissez-faire. Por lo que se refiere a la segunda parte de la aserción, Dicey, ese eminente liberal, fue el primero que suscitó la cuestión: se impuso a sí mismo el trabajo de investigar los orígenes de la tendencia «anti-laissez-faire» o, como él la denominaba, la tendencia «colectivista»; indagó en la opinión pública inglesa esa inclinación, cuya existencia era evidente desde finales de los años 1860. Su sorpresa fue que no pudo encontrar rastros de la misma salvo en los propios actos legislativos. Dicho de forma más precisa, no se puede encontrar el menor testimonio de una «tendencia colectivista» en la opinión pública con anterioridad a las leyes aprobadas en esa línea. […] La punta de lanza legislativa del movimiento de reacción contra un mercado autorregulador, tal como se estaba desarrollando en los cincuenta años posteriores a 1860, muy espontánea en este caso, no ha estado dirigida por la opinión sino que ha sido inspirada por un espíritu puramente pragmático.

Karl Polanyi, La gran transformación, 1944.

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Documentales que todo el mundo debería ver

noviembre 20, 2012

Nada es mejor que un libro bien documentado para comprender con un mínimo de profundidad cualquier tema. Sin embargo, no solo de libros vive el hombre. A lo largo de varios años he recopilado algunos documentales que me parecen muy interesantes para entender mejor el mundo en el que vivimos en poco tiempo y sin demasiado esfuerzo. Aquí os ofrezco una lista de los mismos, que además he ordenado para favorecer una comprensión gradual de los grandes problemas económicos —de orden sistémico-ideológico—  que padece nuestra civilización.

La historia de las cosas:

Inflación:

El dinero es deuda:

La corporación:

Obsolescencia programada:

Las causas del hambre en el mundo:

Especulación alimentaria:

Inside Job:

Sobredosis:

La doctrina del shock:

Deudocracia:

Catastroika:

Petróleo: el fin de una era

Un crudo despertar: el declive del petróleo


Tambores de guerra

enero 13, 2012

Manifestación del 15M en agosto - Luca PiergiovanniLas noticias de los últimos meses apuntan a una probable guerra en Irán que eventualmente podría desembocar en un conflicto a escala mundial. Aunque en los medios occidentales solo se han publicado noticias sobre acciones concretas más o menos inconexas, lo cierto es que las distintas potencias ya se están preparando para un conflicto de gran magnitud, tal y como han sugerido sus mandatarios en diversas intervenciones.

La clave del asunto reside, una vez más, para la lógica de los estados, en el control de los territorios y sus recursos, solo que esta vez los intentos estadounidenses e israelíes por controlar Irán podrían suponer una perturbación en la economía mundial de consecuencias impredecibles. La abultada deuda de EEUU y Occidente en general, la agónica hegemonía del dólar como moneda de reserva y comercio mundial, la creciente esquilmación de los recursos naturales que sostienen el capitalismo tardío y el auge de otras potencias económicas distintas de Occidente son las piezas básicas que nos permiten y permitirán entender los probables conflictos que se avecinan.

Así que, ante estas expectativas que parecen satisfacer a los grandes potentados, los ciudadanos debemos ir preparando ya nuestra oposición absoluta a la guerra. Una tercera guerra mundial se cierne sobre el horizonte y frente a ella debemos estar todos nosotros en la calle y en las plazas hablando abiertamente contra la manipulación pro-guerra que posiblemente a lo largo de este año comenzaremos a sufrir vía TV y periódicos. Nosotros somos los ciudadanos de a pie, la carne de cañón que usan siempre los ricos para sus juegos de poder, estrategia y control.

Para trabarnos en sus guerras intentarán persuadirnos por todos los medios a su alcance. Agitarán enloquecidos las banderas para que caigamos presos de nuestros sesgos psicológicos más primitivos. Intentarán manipular nuestras emociones, nuestras convicciones, nuestros anhelos y nuestra visión del mundo. Intentarán insertarnos su perspectiva estratégico-comercial de las relaciones internacionales. Intentarán mover nuestra voluntad para que nos arrojemos ciegamente a sus batallas y sus trincheras. Intentarán que olvidemos lo que somos, ciudadanos de a pie: trabajadores, jubilados y estudiantes aplastados por las botas que aquellos calzan: las de la codicia y la plutocracia. Son precisamente ellos, los grandes capitalistas y hombres de estado, los que intentarán camelarnos para que luchemos en sus guerras del dinero y el poder.

¡No lo permitamos! ¡Levantemos ya nuestra voz contra la guerra! ¡Preparemos la lucha contra la manipulación y la devastación!

Juan C. Valls


¿Qué es el neoliberalismo y cuál es su programa?

diciembre 30, 2011

El neoliberalismo es, según David Harvey (2005):

una teoría de prácticas político-económicas que afirma que la mejor manera de promover el bienestar del ser humano consiste en no restringir el libre desarrollo de las capacidades y de las libertades empresariales del individuo dentro de un marco institucional caracterizado por derechos de propiedad privada fuertes, mercados libres y libertad de comercio… La intervención estatal en los mercados (una vez creados) debe ser mínima porque, de acuerdo con esta teoría, el Estado no puede en modo alguno obtener la información necesaria para anticiparse a las señales del mercado (los precios) y porque es inevitable que poderosos grupos de interés distorsionen y condicionen estas intervenciones estatales (en particular en los sistemas democráticos) atendiendo a su propio beneficio.

Su origen como corpus doctrinario se remonta a los gobiernos de Margaret Thatcher (Reino Unido) y Ronald Reagan (EEUU), que a comienzos de los años 80 iniciaron una transformación en el seno del capitalismo vigente al poner en práctica las ideas de economistas como Milton Friedman y Friedrich Hayek.

Desde finales de la Segunda Guerra Mundial hasta los años 70, el capitalismo occidental se había caracterizado por la aplicación de algunas tesis del economista John Maynard Keynes que defendían el papel del Estado como promotor del empleo y guardián del sistema capitalista. Para ello, el estado intervenía considerablemente en la economía, financiando el llamado estado del bienestar (pleno empleo y servicios sociales públicos) y fomentando la actividad económica cuando el capitalismo alcanzaba las fases recesivas de su ciclo de vida (crisis). De esta forma, el estado evitaba que durante las crisis se produjera la temible paradoja del ahorro, una trampa en la que el ahorro se convierte en un factor negativo que puede acabar con la economía.

La paradoja del ahorro nos dice que el aumento del ahorro debido a las malas expectativas sobre la economía futura (algo que sucede en las crisis) hace que se reduzca el consumo y la inversión y, en consecuencia, acaben cerrándose empresas y aumentando el desempleo, lo que a su vez reduce esta demanda agregada y así circularmente. Bajo la doctrina keynesiana, esta espiral dañina era interrumpida con la inversión estatal en sectores productivos a base de una deuda pública que sería pagada durante la fase de bonanza. Así, cuando todo comenzara a ir bien, el estado obtendría grandes ingresos a través de un nivel alto de impuestos a las empresas y los capitales.

Hacia la década de los 70, sin embargo, este capitalismo sostenido fuertemente por el estado comenzó a mostrarse incapaz de resolver fenómenos como la estanflación, esto es, la presencia simultánea de inflación (aumento generalizado de los precios) y estancamiento de la economía (crecimiento prácticamente nulo). Esta debilidad de las propuestas keynesianas permitió que ideas económicas más cercanas al liberalismo clásico volvieran a adquirir influencia entre los mandatarios y altos burócratas. De manos de  economistas conservadores como Milton Friedman y Friedrich Hayek, surgieron fuertes críticas al keynesianismo por defender la intervención del estado en la economía.

El neoliberalismo, pues, consiste en una recuperación de las convicciones liberales clásicas bajo nuevas propuestas teóricas en su misma tradición. Los principios fundamentales del liberalismo económico clásico son dos:

  1. Laissez faire. Literalmente, “dejad hacer”. Es decir, defiende dejar que los mercados funcionen libremente sin que el estado intervenga en ellos. Los liberales están convencidos de que los mercados libres se autorregulan y dan lugar a una asignación óptima (eficiencia máxima) de los recursos económicos.
  2. Estado mínimo. Para el liberalismo clásico manchesteriano y el neoliberalismo, el estado ha de ser lo más pequeño posible para que su actividad no interfiera con el mercado. Solo debería tener funciones básicas como la protección de la propiedad privada y el cumplimiento de los contratos. Para estos liberales, el estado no debería ofrecer bienes y servicios, pues lo haría de forma ineficiente y, además, impediría que las empresas privadas pudieran competir adecuadamente en dichos sectores. Por otro lado, los impuestos tendrían que ser los mínimos necesarios para sostener el sistema judicial, la policía, el ejército y la construcción de infraestructuras que favoreciesen el comercio.

Tomando como punto de partida estos principios y las teorías económicas basadas en ellos, el neoliberalismo sostiene frente al keynesianismo que (Palley, 2004):

  • Los factores de producción (trabajo y capital) se pagan conforme a su valor. Es decir, un trabajador cobra lo que el mercado dice que vale su trabajo según la oferta y la demanda. La distribución del ingreso se debe, por tanto, al valor de cambio mercantil. El keynesianismo europeo, por el contrario, afirma que la distribución del ingreso se debe a factores institucionales y al poder de negociación de las partes.
  • Las economías libres se ajustan de forma automática al pleno empleo, pues el mercado no prescinde de recursos valiosos como el trabajo. Los keynesianos, sin embargo, sostienen que la actividad económica y el empleo se deben sobre todo al nivel de demanda agregada, que acaba sufriendo fluctuaciones catastróficas  que solo el estado puede paliar.

El programa del neoliberalismo busca aplicar sus principios fundamentales (laissez faire y estado mínimo) en todo el mundo, para lo cual propone:

  • Privatización de todas las partes del estado que permita la coyuntura actual, salvo el aparato judicial, las fuerzas policiales y el ejército. (No obstante, en última instancia también se busca su privatización; véanse, por ejemplo, las agencias privadas de mercenarios que EEUU contrató para la guerra de Irak).
  • Desregulación de los mercados y libre circulación de capitales, esto es, eliminación a nivel regional e internacional de inspecciones, controles y cargas estatales sobre las operaciones financieras y mercantiles.
  • Reducción de los impuestos a la actividad empresarial y al capital.
  • Intensificación del comercio local e internacional mediante tratados de libre comercio y organismos supranacionales como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial.
  • Eliminación del estado del bienestar (salud, pensiones, educación y otros servicios sociales públicos) en beneficio de sus correspondientes alternativas privadas.
  • Desincentivación o limitación del sindicalismo y otros derechos sociales relacionados con el trabajo y su poder de negociación.
  • Sostenimiento del sistema bancario a través de la intervención estatal por medio de los bancos centrales como prestamistas de última instancia y mantenimiento de la titularidad privada de las sociedades y bancos rescatados.
  • Reducción del papel del estado a árbitro de intereses económicos en pugna y a protector de la propiedad privada, la estabilidad social (paz entre clases sociales), la libertad empresarial, la libertad de comercio y el cumplimiento de los contratos a través de la policía, el aparato judicial y el ejército.

Esto es básicamente lo que propone la doctrina política conocida como neoliberalismo. Así todo, entre sus impulsores existen también divergencias, sobre todo en cuanto al papel de los bancos centrales y la reducción del estado. En algunos casos, se defiende incluso la completa eliminación del estado sin menoscabo del capitalismo, algo que sus proponentes han venido a llamar —suscitando la indignación de los anarquistas— anarcocapitalismo.

Juan C. Valls

Puedes citar este artículo como:

Valls, J. C. “¿Qué es el neoliberalismo y cuál es su programa?”, La prisión mental. URL: https://laprisionmental.wordpress.com/2011/12/30/que-es-el-neoliberalismo-y-cual-es-su-programa/.


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