Hacia nuevas movilizaciones en España

octubre 19, 2010

Hoy vemos cómo en el país vecino las protestas y la huelga brillan en participación y acción. En nuestro país es necesario continuar con las movilizaciones, pues pronto intentarán imponernos la reforma de las pensiones que aumentará la edad de jubilación de 65 a 67 años. Tomemos nota de los franceses, ¡que no se diga!

El estado y los hombres que lo mantienen arguyen que esta medida es necesaria, ya que de otro modo no saldrán las cuentas futuras. Lo que no dicen es que este problema se seguirá repitiendo irremediablemente en el futuro hasta el colapso total del sistema público de pensiones o la absoluta privatización del mismo.

Vivimos en un sistema que hace aguas por todos los lados. La cantidad de despropósitos puestos uno encima de otro —de mala manera y a veces sin responder a la misma ideología que los soporta— está llegando a tal punto que la caída del capitalismo postindustrial es ya inevitable. Los trabajadores, estudiantes, amas de casa y jubilados debemos luchar ahora para impedir que el derrumbamiento se produzca hacia nuestro lado. Una victoria del capitalismo financiero sobre nosotros supondría el retroceso de nuestros derechos en pos de una absoluta y grotesca impunidad de las grandes corporaciones y fondos internacionales.

En nuestra mano está ser el yunque o el martillo. Nuestra ventaja es que somos la sangre del sistema y sin nuestro trabajo aquel deja de existir. Nuestra debilidad es que estamos desorganizados y divididos por una moral individualista. Por tanto, nuestros objetivos más inmediatos son dos:

  1. Tomar conciencia como grupo social, así como de nuestra situación en el mundo y en el sistema económico actual.
  2. Unirnos y organizarnos para la acción.

Ahora bien, ¿qué podemos hacer para lograr esos objetivos? El primero podemos alcanzarlo mediante la comunicación, la lectura, la discusión y el debate entre nosotros, siempre alejados de los medios de comunicación tradicionales, que solo velan por los intereses de los poderes establecidos. El segundo podrá lograrse mediante la creación de asociaciones o grupos con voluntad de salir a la calle. No importa si son grupos físicos o digitales; lo importante es que sus miembros estén comprometidos y salgan conjuntamente cuando se convoquen protestas.

Simultáneamente a estas acciones encaminadas a nuestra autoorganización, podemos comenzar acciones dirigidas a preparar una nueva Huelga general o grandes manifestaciones:

  • Si estamos afiliados a un sindicato como UGT o CCOO, podemos presionar para que caigan las cúpulas dirigentes traidoras de las bases. ¿De qué nos sirven esos directivos apoltronados si no responden al clamor popular? Hay que animarse y reclamar nuevas protestas. Y de las grandes. Además, podemos forzar a nuestros dirigentes a que hagan autocrítica pública, lo que permitiría recuperar el poder de convocatoria perdido. Podrían decir algo así como: “Es cierto, no nos hemos movido lo suficiente estos años, reconocemos nuestro error. Pero ahora vamos a movernos sin tregua y necesitamos que todos los ciudadanos salgamos a la calle a defender lo que es nuestro”. Si los dirigentes se muestran reacios a esto, deberán ser cesados por las bases de inmediato.
  • Si no estamos afiliados a ningún grupo, podemos acudir a las movilizaciones puntuales que van haciendo grupos  y sindicatos en nuestra ciudad.
  • Si somos un grupo de amigos concienciados, podemos imprimir folletos que despierten las conciencias o estimulen las mentes para la movilización. Recuerda usar la psicología y el ingenio. Plantéalo como algo que puede ser divertido. ¿Por qué no?
  • Si nos encontramos solos y no conocemos a nadie dispuesto a acompañarnos, podemos buscar personas afines en Internet. Seguro que conocerás gente con iniciativa y ganas. Propón pequeñas manifestaciones en tu localidad. Haz algo que rompa la monotonía de una calle atestada de compradores… Eso sí, no provoques rechazo, pues entonces tu acción tendrá el efecto opuesto.

Todo esto contribuirá a crear un clima proclive a la participación de una ciudadanía hoy todavía adormecida. Y es que si no nos quitamos las legañas, los palos nos sorprenderán de nuevo sin que podamos defendernos. Ahora ya no hay excusas. Sabemos lo que nos estamos jugando. Es necesario actuar una, dos, diez o hasta cien veces si hace falta. De nosotros depende tener un futuro mejor del que pretenden.

Juan C. V.

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