La solución a la crisis de la Eurozona

Sede del BCELa actual crisis de la Eurozona se debe a un mal diseño de sus instituciones económicas, que acaban favoreciendo la desunión nacional frente a los mercados financieros. Aunque los estados miembros comparten moneda, sus bonos cotizan por separado, los bancos compiten entre sí aprovechando sus diversas coyunturas y legislaciones nacionales, los estatutos del Banco Central Europeo (BCE) ponen demasiado énfasis y son demasiado rígidos respecto a la inflación, etc. Realmente, podemos distinguir dos crisis en la Eurozona: una crisis superficial, en la que estamos sumidos, relativa a la solvencia de los estados miembros; y una crisis estructural, que subyace a la anterior y es la que he comentario anteriormente.

Ambas crisis se deben a la ausencia de una verdadera unidad económica en la Eurozona: ni en lo fiscal, ni en lo bancario, ni en los intereses de los estados miembros. Este último es precisamente el principal escollo con el que se encuentra un diseño ideológicamente europeísta e imparcial de la Eurozona, puesto que los distintos estados miembros lidian por primar sus propios intereses sobre el resto según una lógica más cercana a la weltpolitik que a la realpolitik. Todos los estados buscan expandir su cuota de participación en el mercado internacional, tal y como les impone la lógica más perentoria y sustantiva del capitalismo globalizado al que decidieron someterse; y dado que son competidores entre sí, no pueden negarse a confeccionar unas reglas del juego favorables a sus intereses. El capital impera sobre la política, y esta pasa a ser tan solo un instrumento más de su dinámica de acumulación. Así pues, el problema de fondo de ambas crisis es de orden socioeconómico.

La crisis estructural solo podrá solucionarse en la medida en que los compromisos alcanzados respecto a una mayor unión económica no generen nuevamente tensiones estructurales en el futuro. Está por ver, pues, si a largo plazo los acuerdos que ya se han alcanzado resultan ser adecuados o priorizan nuevamente los intereses particulares de los estados y sus empresas. Por su parte, la solución a la crisis superficial será el asunto que abordaré en lo que resta de artículo.

La crisis en la que estamos sumidos, que he calificado como superficial, tiene como foco la solvencia de los estados, esto es, su capacidad para afrontar la deuda pública con la que financian los déficits de sus cuentas generales. Esta deuda pública, sin embargo, no había resultado demasiado importante antes del estallido de la burbuja financiero-inmobiliaria en 2008. Es más, en países como España había descendido enormemente y, por si fuera poco, llegó a alcanzarse un superávit de las cuentas públicas en 2005-2007. Sin embargo, desde entonces la deuda pública comenzó a aumentar considerablemente, debido al rescate de bancos y grandes empresas, a la reducción de ingresos tributarios fruto del estallido de la burbuja, al aumento del gasto en prestaciones debido al creciente desempleo y al aumento del gasto dedicado a planes de estímulo como el Plan-E.

Bolsa de Filipinas, por Katrina Tuliao.El consecuente aumento brusco de esta deuda comportó déficits en las cuentas de los estados, por lo que su financiación pasó a ser cada vez más cara, debido a que los títulos de deuda que estos emiten (en forma de letras, bonos, etc.) cotizan en mercados que, comprensiblemente, tienen en cuenta la capacidad de pago de sus emisores. Esto supuso, de hecho, un aumento del interés que debían pagar a los compradores y la reducción de su calificación de solvencia. Y dado que los diferentes estados de la Eurozona emiten sus bonos por separado, dicho mercado de deuda fue de gran atractivo para los especuladores internacionales, que prácticamente eran los mismos agentes que habían sido rescatados directa o indirectamente tras el Crash de 2008. En estas circunstancias, los mensajes mediáticos de alarma —en ocasiones interesados— por el riesgo de quiebra de los estados cuya deuda aumentaba, no hacían otra cosa que avivar el fuego y, por lo tanto, las probabilidades de que este se convirtiera en el mismo incendio que pronosticaban. Así pues, la prima de riesgo de estados como Grecia, Irlanda, Portugal y España comenzó a dispararse al mismo ritmo que la incertidumbre, el miedo y la pura especulación crematística se adueñaban de los inversores y los medios de comunicación. Estas diferencias de capacidad de endeudamiento y de estructura de las distintas economías puso en tensión la totalidad de la Eurozona e incluso sembró dudas sobre su futuro.

Pero… ¿por qué no ocurrió lo mismo en EEUU o en Japón, cuando ambos países también sufrieron el descalabro de 2008? La respuesta se encuentra en que, por un lado, cada uno de ellos es una unidad de intereses, al ser a todos los efectos una sola nación; y, por otro lado, a la completa disposición de sus bancos centrales para paliar la situación inyectando dinero y bajando los tipos de interés. Esto no ocurrió con determinación en Europa, debido a que no se dieron ninguna de estas circunstancias. La diversidad de intereses en la Eurozona llevó al BCE a la inmovilidad, la indecisión, la lentitud y finalmente la tibieza en lo que respecta a la aplicación de medidas anticíclicas. Los estados cuya deuda sufría mayores primas de riesgo necesitaban que el BCE comprara sus bonos nacionales directamente para así evitar concurrir al mercado y tener que pagar intereses excesivos, lo que agravaba continuamente su situación. En cambio, Alemania y otros estados, cuyo interés era evitar el aumento del nivel de precios y la comunalización de los riesgos, se negaban a que el BCE emprendiera esta política, arguyendo que sus estatutos le encomendaban mantener la estabilidad monetaria y combatir la inflación. También se negaron a la creación de eurobonos e incluso a que el BCE rescatara directamente a la banca privada en problemas, como verdadero prestamista de última instancia.

Así las cosas, el problema se ha enquistado y se mantiene aún hoy en estado latente, contenido tan solo por las operaciones de mercado abierto que el BCE realiza ocasionalmente y su programa LTRO. Como explico en el artículo «Merkel no es una moralista, sino un halcón capitalista» (noviembre de 2012), en este juego en el que el BCE es la pieza maestra, todos quieren usarlo en su propio beneficio, pero Alemania es quien tiene mayor poder sobre él, al gozar de primacía en Europa tanto en la dimensión económico-política como en, lo que no es menos importante, la composición políticoburocrática de aquel organismo. Por otro lado, la política de austeridad no lleva más que al aprovechamiento carroñero, por parte de los bancos de raigambre alemana y francesa, de la agónica situación creada, sobre la cual han eludido su responsabilidad de acreedores de entidades en quiebra (tales como Bankia).

Bajo una perspectiva acorde con el proyecto de la Unión Europea, el BCE no debería responder a intereses parciales nacionales, sino a la Eurozona como un todo. Su apuesta por la recuperación, según la conveniencia macroeconómica capitalista, debería ser rápida y decidida como ocurre en EEUU y en Japón. Como hemos mostrado, el principal obstáculo es la política alemana, y para vencerlo basta con incidir en aquello que la mueve. Hay que conseguir que su economía sienta de forma clara que su política anti-europeísta es desastrosa para ella. Esto es algo a lo que aún no se ha atrevido ninguno de los estados subyugados por la sangría de la austeridad, tal vez porque sus dirigentes no son buenos estadistas ni tienen la suficiente valentía. Una posible solución consiste en promover públicamente, y por parte de las mayores figuras del estado español, el consumo de la producción y la tecnología nacionales. No se trata de un boicot, sino de una priorización, de forma que la industria que exporte a España, como la alemana, se resienta solo en la medida en que sus productos sean sustituibles por alternativas nacionales. Naturalmente, la política de austeridad ya tiene como consecuencia indefectible una disminución del consumo y la inversión españolas, por lo que Alemania ya se resiente por ello. Sin embargo, el efecto parece que aún no ha movilizado suficientemente la conciencia de la elite políticoempresarial alemana. Es por ello que debe agravarse, pues así se darán cuenta de una vez por todas que el BCE debe actuar sobre la Eurozona como una unidad, y que la banca alemana y francesa fue tan irresponsable como la española cuando concedió créditos masivos sin evaluar sus riesgos.

Juan C. Valls

Puedes citar este artículo como:

Valls, J. C. “La solución a la crisis de la Eurozona”, La prisión mental. URL: https://laprisionmental.wordpress.com/2013/05/15/la-solucion-a-la-crisis-de-la-eurozona/.

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5 Responses to La solución a la crisis de la Eurozona

  1. oskartop dice:

    Juan C.Valls imaginamos todos que priorizamos o incluso creamos industria (esto no se hace en una semana) y que competimos por ejemplo en el sector del automovíl. Lo primero que los germanos harían es deslocalizar toda su industria (SEAT,VW,Bosch.. por lo que las demas empresas no alemanas que utilizan componentes ya no les saldría tan rentable la fabricación de automoviles en España. Sigo?
    Solución:No tenemos casi industria propia solo podemos de momento y como algo nuestro ofrecer sol y playa que es por lo que apostarón nuestros sesudos gobernantes.

    • La propuesta que hago es ante todo una jugada táctica con el objetivo de conseguir que los líderes alemanes entren en razón y abandonen su política antieuropeísta, que a medio-largo plazo puede tener efectos explosivos. No es necesario que tenga efectos sustanciales más allá de los imprescindibles para alterar las expectativas de producción de la industria alemana y, así, promover la incertidumbre sobre sus beneficios. Por eso hago referencia al consumo. De hecho, pienso que la sola declaración pública de lo que propongo por parte del presidente del gobierno sería capaz de acongojar a más de un directivo alemán, pues la cotización en bolsa de la industria alemana sufriría un gran varapalo. Sus directivos pronto se darían cuenta de que su mejor opción es convencer a su gobierno para que vuelva al europeísmo responsable. Les conviene enormemente. Es más, incluso les conviene hacerlo ya, pues su gobierno está cavando la tumba del Euro y, por extensión, de la UE y su libertad de mercancías, que tanto les beneficia. ¿Acaso piensan que si España tuviera que volver a la Peseta se iba a mantener igual todo lo demás como si no hubiera ocurrido nada? Tal decisión solo tendría sentido junto a una gran quita de la deuda, una política proteccionista y un férreo control sobre los capitales.

      Es decir, la propuesta que realizo en el texto solo pretende responder a la crisis superficial, que a mi parecer es de fácil solución si no fuera por que los líderes de algunos estados europeos como Alemania la están avivando y explotando con afán de lucro.

      La oligarquía alemana está jugando a la geopolítica y a la irresponsabilidad económica con sus vecinos europeos. Por una parte, pretende convertir a Alemania en un nuevo imperio en Europa, consciente de que puede hacerlo gracias al tamaño de su población, a su capacidad tecnoeconómica y a la protección estadounidense. Por otra, pretende que los bancos “alemanes” que prestaron dinero a las cajas y bancos “españoles” que actualmente se encuentran en quiebra técnica no asuman su responsabilidad legal mercantil, que es la que se derivaría de su necesaria y debida liquidación. Esto les supondría reconocer grandes pérdidas por haber hecho un mal negocio. Al usar las instituciones políticas para todo esto, la oligarquía alemana está obteniendo pingües beneficios, pero a costa de desintegrar la UE y sumir en la miseria a los trabajadores, tanto de fuera como de dentro de sus fronteras.

      • oskartop dice:

        En lo único que coincido es que realmente Alemania esta beneficiándose financiándose cómodamente y exportando bastamente sus productos que además son junto a los japoneses los mas valorados mundialmente. Para Alemania aunque no nos guste reconocerlo somos un mercado residual en comparación con los volúmenes de ventas en USA, China, Brasil.. además tienen una buena proyección a futuro en India, Argentina…
        Alemania hizo sus deberes hace mucho tiempo comprando parte importante de nuestra industria al precio que nuestros poli cuchos y afamados empresarios casi regalaron.
        Si volvemos a la peseta..que no nos lo permitirían la inflación sería galopante y nuestra miseria mayor todavía…..

  2. El peso de España en las exportaciones alemanas sin duda no es de los más altos, pero tampoco es despreciable, y mucho menos tratándose de un país con una economía tan abierta. Y es que Alemania es muy susceptible a los avatares de la economía mundial, debido a su alto ratio de apertura (ronda el 80%) y al peso de las exportaciones en su PIB (más del 40%). Si además tenemos en cuenta que estas suponen cada año un porcentaje menor en las exportaciones mundiales (han bajado desde un 12% en 1991 a un 8% en 2011) y que su rendimiento viene cayendo inexorablemente desde su cénit en 2003, podemos concluir que Alemania no puede permitirse el lujo de sufrir un deterioro en sus relaciones con su 13º socio comercial, España, al que exportó en 2012 por un valor de 31 170 millones de euros.

    Pero no solo eso. España podría coordinar esta estrategia de influencia junto con Italia, además de otros países que también estarían muy interesados en ella, como Portugal y Grecia. Por si fuera poco, Francia estaría más cerca de apoyar peticiones en esta línea (crecimiento, apoyo directo y flexible del BCE) que en la línea de Alemania, pues tampoco le interesa que esta se convierta en un nuevo imperio germánico en Europa. Frente a esto, la oligarquía alemana tendría que ceder.

    Si España, Italia, Portugal y Grecia han sufrido más de lo debido ha sido porque no han sabido jugar sus cartas frente a Alemania, que ha sorteado las reglas del juego capitalista para beneficiar a sus bancos. Estos hicieron un mal negocio prestando ingentes cantidades de dinero a otros bancos sin evaluar sus riesgos, así que debieron (y deben) asumir su responsabilidad de prestamistas según las leyes mercantiles en lugar de esquivarlas con artimañas geopolíticas relativas al uso del BCE.

    Fuente de los datos económicos empleados:
    https://www.destatis.de/EN/FactsFigures/NationalEconomyEnvironment/ForeignTrade/ForeignTrade.html

  3. Artemio dice:

    Esta crisis es moral, avarienta y dirigida hacia la refundación del sistema económico, encaminándolo hacia la renconversión del sistema de trabajo tal como se conoce, quieren volver al trueque, cambiar trabajo por servicios y queda por ver que tan básicos serán esos servicios y si cubrirán todas las necesidades de subsistencia.

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