Ante las amenazas de despido por hacer huelga, ¡graba y denuncia!

noviembre 6, 2012

Cuando un jefe habla contigo en calidad de empleado, es decir, como parte de una comunicación profesional, las conversaciones grabadas sin consentimiento expreso suelen ser admitidas en los juicios. Todos sabemos que antes de las huelgas muchas empresas se saltan la ley a la torera obligando a los trabajadores a comunicar si hará huelga o no (firmando una hoja en algunos casos) o incluso amenazándolos con el despido si la secundan. Ante estos casos, conoce tus derechos y empléalos de una vez para defender lo que es tuyo.

Durante estos días previos a la huelga, estate atento para grabar cualquier comunicación personal en la que pueda atisbarse una amenaza de despido por parte de tus jefes. Por otra parte, si te hacen firmar en una hoja, pide copia con un “recibí” por parte de la empresa, ya que estás en tu derecho de tener registro de todas las comunicaciones que realizas a la misma. Más tarde, si secundas la huelga y te despiden, podrás usar estas pruebas en un juicio contra la empresa por uso del despido como represión laboral. Recuerda también que en algunos casos podrás reclamar lo que te descuenten en ese día (por ejemplo, si la empresa cierra voluntariamente), así que consulta los sitios web que enlazo abajo.

Por otro lado, no olvides que uno puede hacerse inmune al despido si denuncia a la empresa ante Inspección de Trabajo por irregularidades que uno conozca. Igualmente, si promueves la defensa de los derechos de los trabajadores en la empresa registra todas las comunicaciones y campañas que hagas o recibas, pues ante un despido todo ello podría usarse como indicios de que has sido despedido ilegalmente.

Para conocer más información sobre tus derechos en el trabajo y todo lo que puedes hacer al respecto, recomiendo la siguiente web: http://laboro-spain.blogspot.com/

En cuanto a la huelga, son interesantes los artículos que tienen aquí: http://laboro-spain.blogspot.com/search/label/Huelga

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Hacia nuevas movilizaciones en España

octubre 19, 2010

Hoy vemos cómo en el país vecino las protestas y la huelga brillan en participación y acción. En nuestro país es necesario continuar con las movilizaciones, pues pronto intentarán imponernos la reforma de las pensiones que aumentará la edad de jubilación de 65 a 67 años. Tomemos nota de los franceses, ¡que no se diga!

El estado y los hombres que lo mantienen arguyen que esta medida es necesaria, ya que de otro modo no saldrán las cuentas futuras. Lo que no dicen es que este problema se seguirá repitiendo irremediablemente en el futuro hasta el colapso total del sistema público de pensiones o la absoluta privatización del mismo.

Vivimos en un sistema que hace aguas por todos los lados. La cantidad de despropósitos puestos uno encima de otro —de mala manera y a veces sin responder a la misma ideología que los soporta— está llegando a tal punto que la caída del capitalismo postindustrial es ya inevitable. Los trabajadores, estudiantes, amas de casa y jubilados debemos luchar ahora para impedir que el derrumbamiento se produzca hacia nuestro lado. Una victoria del capitalismo financiero sobre nosotros supondría el retroceso de nuestros derechos en pos de una absoluta y grotesca impunidad de las grandes corporaciones y fondos internacionales.

En nuestra mano está ser el yunque o el martillo. Nuestra ventaja es que somos la sangre del sistema y sin nuestro trabajo aquel deja de existir. Nuestra debilidad es que estamos desorganizados y divididos por una moral individualista. Por tanto, nuestros objetivos más inmediatos son dos:

  1. Tomar conciencia como grupo social, así como de nuestra situación en el mundo y en el sistema económico actual.
  2. Unirnos y organizarnos para la acción.

Ahora bien, ¿qué podemos hacer para lograr esos objetivos? El primero podemos alcanzarlo mediante la comunicación, la lectura, la discusión y el debate entre nosotros, siempre alejados de los medios de comunicación tradicionales, que solo velan por los intereses de los poderes establecidos. El segundo podrá lograrse mediante la creación de asociaciones o grupos con voluntad de salir a la calle. No importa si son grupos físicos o digitales; lo importante es que sus miembros estén comprometidos y salgan conjuntamente cuando se convoquen protestas.

Simultáneamente a estas acciones encaminadas a nuestra autoorganización, podemos comenzar acciones dirigidas a preparar una nueva Huelga general o grandes manifestaciones:

  • Si estamos afiliados a un sindicato como UGT o CCOO, podemos presionar para que caigan las cúpulas dirigentes traidoras de las bases. ¿De qué nos sirven esos directivos apoltronados si no responden al clamor popular? Hay que animarse y reclamar nuevas protestas. Y de las grandes. Además, podemos forzar a nuestros dirigentes a que hagan autocrítica pública, lo que permitiría recuperar el poder de convocatoria perdido. Podrían decir algo así como: “Es cierto, no nos hemos movido lo suficiente estos años, reconocemos nuestro error. Pero ahora vamos a movernos sin tregua y necesitamos que todos los ciudadanos salgamos a la calle a defender lo que es nuestro”. Si los dirigentes se muestran reacios a esto, deberán ser cesados por las bases de inmediato.
  • Si no estamos afiliados a ningún grupo, podemos acudir a las movilizaciones puntuales que van haciendo grupos  y sindicatos en nuestra ciudad.
  • Si somos un grupo de amigos concienciados, podemos imprimir folletos que despierten las conciencias o estimulen las mentes para la movilización. Recuerda usar la psicología y el ingenio. Plantéalo como algo que puede ser divertido. ¿Por qué no?
  • Si nos encontramos solos y no conocemos a nadie dispuesto a acompañarnos, podemos buscar personas afines en Internet. Seguro que conocerás gente con iniciativa y ganas. Propón pequeñas manifestaciones en tu localidad. Haz algo que rompa la monotonía de una calle atestada de compradores… Eso sí, no provoques rechazo, pues entonces tu acción tendrá el efecto opuesto.

Todo esto contribuirá a crear un clima proclive a la participación de una ciudadanía hoy todavía adormecida. Y es que si no nos quitamos las legañas, los palos nos sorprenderán de nuevo sin que podamos defendernos. Ahora ya no hay excusas. Sabemos lo que nos estamos jugando. Es necesario actuar una, dos, diez o hasta cien veces si hace falta. De nosotros depende tener un futuro mejor del que pretenden.

Juan C. V.


Unión, Organización y… ¡Acción!

septiembre 27, 2010

Recientemente hemos conocido otra lamentable noticia para el ciudadano de a pie: la luz va a subir cerca de un 5% y se prevé que seguirá subiendo. De nuevo he podido leer numerosas quejas y muestras de indignación en foros y diarios de Internet, pero ¿de qué nos sirve quejarnos si no hacemos algo que les duela a los responsables? La crítica y la queja es el primer paso, pero quedarse ahí solo contribuye a que todo siga igual. Por eso debemos despertar y levantarnos. Unirnos y organizarnos. Reflexionar y rebelarnos. Una sociedad verdaderamente libre es una sociedad en constante y perpetua rebelión. Rebelión contra la arbitrariedad, contra la injusticia, contra el abuso, contra el expolio, contra los que se aprovechan del resto.

La crítica racional, la reflexión y la comprensión de las causas y las consecuencias deben servirnos no solo para ser conscientes de nuestra condición, sino también para impulsarnos hacia la unión, la defensa y la lucha. Los ciudadanos de a pie —los trabajadores en activo o en paro, los ancianos, las/os amas de casa, los estudiantes, etc.— somos individualmente tan débiles que se nos puede aplastar fácilmente, pero tenemos algo que no tienen los de arriba: número. Somos tantos los que pasamos por la vida como hormiguitas que, si nos uniéramos, podríamos deshacernos fácilmente de esos poderes que nos constriñen. Al margen de todo lo que nos diferencia, de nuestras infinitas personalidades, gustos, pensamientos, conductas e ideologías, tenemos algo en común. Todos nosotros somos los que siempre damos más de lo que recibimos. Somos los que sufrimos el robo legal permanente en forma de sueldos precarios, de impuestos, de deuda, de arbitrariedad laboral, de injusticia normativa… Así que ha llegado la hora de decir ¡Basta ya! en la calle. En esa calle que no visitamos desde hace tiempo y que precisamente hemos creado a cada paso, a cada suspiro y a cada gota de nuestro sudor.

La unión nos convierte en una masa decidida en la calle, pero esto a veces es difícil de lograr. Por este motivo es importante la organización. Si queremos unirnos eficazmente, hacernos oír o actuar donde más les duele (en los bolsillos), es de gran ayuda estar organizados previamente, ya sea en asociaciones de vecinos, de consumidores, de ecologistas o de lo que más te guste. Lo importante es que esas asociaciones estén bien engrasadas, pues así nos servirán para mantenernos informados y para reunirnos cuando sea necesario.

En cualquier caso, no hace falta ser miembro de una asociación para ser una persona activa; basta con tener un mínimo de interés por la sociedad y por ti mismo, pues eso te llevará a encontrar otras personas que no se arrastren perrunamente por el camino marcado. Aunque no lo creas, actuar en favor de la sociedad en general redunda también en tu propio beneficio. Es más, te permite conocer personas de todo tipo, escapar de la gris rutina de trabajo-consumo, descubrir nuevas ideas y, en definitiva, actuar junto a gente que derrocha vitalidad e iniciativa.

Organizados o no, podemos hacer algo más que lloriquear frente a la pantalla del ordenador. Salir a la calle a defender nuestros derechos no suele suponer más que un rato que bien puede pasarse con los amigos. Si la agresión es demasiado fuerte y atenta contra lo más básico, entonces solo nos quedará la huelga como medida de presión efectiva, pues es la única que afecta al funcionamiento del estado y al bolsillo de los grandes empresarios. Es cierto que también nosotros perderemos el sueldo de ese día, pero esto no será nada comparable a lo que perderemos si fracasamos.

Así pues, muévete de una vez. Sal a la calle para algo más que para consumir. Grita, protesta, defiende tus derechos en manifestaciones, sentadas, concentraciones, huelgas, charlas o lo que te dé la gana. El 29S, por ejemplo, habrá manifestaciones en todas las capitales de provincia. No seas la vergüenza de tus antepasados, que derramaron sangre y lágrimas por lo que hoy disfrutas. No te conviertas en un pedazo de carne entregado a la ignorancia y al derrotismo. Que no te engañen. Que no te desaminen. Infórmate y discute. Comprende y actúa como alguien digno de ser llamado persona. No importa tu ideología, el color de tu piel o el de tus bragas. Es la hora de mover el culo. Es la hora de luchar.

¡Que tiemble la calle!

Juan C. V.


¡Quejicosos del mundo, uníos!

septiembre 6, 2010

“Los sindicatos son unos vendidos. Tendrían que haber salido antes, cuando el paro empezó a crecer”. Es frecuente escuchar este tipo de comentarios tanto en la calle como en los foros de internet. Hasta cierto punto encierran algo de verdad, puesto que el sistema político y económico en el que vivimos reúne las condiciones perfectas para que se dé este problema. Pero dejando esto a un lado, ¿es que acaso hacemos algo nosotros para defender nuestros derechos? ¿por qué habríamos de esperar que otros lo hicieran si ni siquiera nosotros, los mayores interesados, lo hacemos?

Se nos llena la boca constantemente de quejas, críticas, exigencias y reclamaciones airadas contra el resto del mundo, pero cuando se trata de levantar el culo, de hacer algo más que quejarse al viento, aquí nadie mueve un puto dedo. Sí, digo nadie porque la insignificante minoría que se mueve no solo no obtiene reconocimiento por su labor, antes bien es increpada y señalada como responsable del problema. Aquí todos somos tan listos que para hacer lo que nos gusta invertimos mucho tiempo y esfuerzo, mientras que para defender las cosas que hacen esto posible, nuestros derechos, delegamos y decimos “¡ah! que me defiendan otros, que yo bastante tengo con pagar mis impuestos”.

Sí, señores, parece que con votar cada cuatro años o pagar impuestos la responsabilidad de defender los derechos de uno ya es cosa de otros. ¿Qué es eso de manifestaciones? ¿Qué es eso de concentraciones? ¿Qué es eso de hacer huelgas? ¡Eso que lo hagan los sindicatos, que para eso reciben dinero de nuestros impuestos! ¡Eso que lo hagan los jóvenes! ¡Eso que lo hagan las asociaciones de activistas! En definitiva, ¡eso que lo hagan otros!

Qué bonito, ¿verdad? Todo esto sería perfecto en un mundo en el que unos cuantos profesionales sindicales pudieran hacer la presión suficiente para defender a los trabajadores de todo un país. Pero resulta que nuestro mundo es distinto y aquí lo que cuentan son las multitudes con cara de mala leche (y a veces ni eso). Aquí, para defender los derechos de uno hay que mover el culo y percatarse de que muchas organizaciones llevan convocando manifestaciones desde que comenzó la crisis. Hay que tener un mínimo de interés y darse cuenta de que algunas personas se han movido todo este tiempo mientras el resto no hacía más que quejarse. Y hay que tener la cara muy dura para que, después de no haber hecho una mierda por defender los derechos de uno mismo —no ya del resto—, se critique a diestro y siniestro ¡por no haberlo hecho en su lugar! Debe de ser que ir a una manifestación es una actividad que requiere un gran esfuerzo físico. O quizás es que eso de defender derechos es algo aburrido y poco interesante, nunca comparable al paseíllo de 23 individuos vestidos de rojo sobre un autocar. O tal vez es que una gran mayoría de personas apenas se plantea cuestiones tan etéreas… Probablemente es que nuestras sociedades no están formadas por personas responsables, sino por autómatas de trabajodiversión para los que cualquier otra cosa debe ser responsabilidad del indispensable papá estado y sus ramificaciones burocráticas. ¿Manifestarse? ¿Hacer huelgas? ¡Que el gobierno cree un ministerio para eso!

Parece que en el tiempo en que nos ha tocado vivir ya no hay trabajadores que respondan a la llamada de unión de los proletarios; solo hay quejicas en distintos grados. Así pues, como uno que se acaba de quejar y que ha tomado conciencia de su condición de quejica, solo me resta convocaros al grito de:

¡Quejicosos del mundo, uníos!

Juan C. V.


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