Tambores de guerra

enero 13, 2012

Manifestación del 15M en agosto - Luca PiergiovanniLas noticias de los últimos meses apuntan a una probable guerra en Irán que eventualmente podría desembocar en un conflicto a escala mundial. Aunque en los medios occidentales solo se han publicado noticias sobre acciones concretas más o menos inconexas, lo cierto es que las distintas potencias ya se están preparando para un conflicto de gran magnitud, tal y como han sugerido sus mandatarios en diversas intervenciones.

La clave del asunto reside, una vez más, para la lógica de los estados, en el control de los territorios y sus recursos, solo que esta vez los intentos estadounidenses e israelíes por controlar Irán podrían suponer una perturbación en la economía mundial de consecuencias impredecibles. La abultada deuda de EEUU y Occidente en general, la agónica hegemonía del dólar como moneda de reserva y comercio mundial, la creciente esquilmación de los recursos naturales que sostienen el capitalismo tardío y el auge de otras potencias económicas distintas de Occidente son las piezas básicas que nos permiten y permitirán entender los probables conflictos que se avecinan.

Así que, ante estas expectativas que parecen satisfacer a los grandes potentados, los ciudadanos debemos ir preparando ya nuestra oposición absoluta a la guerra. Una tercera guerra mundial se cierne sobre el horizonte y frente a ella debemos estar todos nosotros en la calle y en las plazas hablando abiertamente contra la manipulación pro-guerra que posiblemente a lo largo de este año comenzaremos a sufrir vía TV y periódicos. Nosotros somos los ciudadanos de a pie, la carne de cañón que usan siempre los ricos para sus juegos de poder, estrategia y control.

Para trabarnos en sus guerras intentarán persuadirnos por todos los medios a su alcance. Agitarán enloquecidos las banderas para que caigamos presos de nuestros sesgos psicológicos más primitivos. Intentarán manipular nuestras emociones, nuestras convicciones, nuestros anhelos y nuestra visión del mundo. Intentarán insertarnos su perspectiva estratégico-comercial de las relaciones internacionales. Intentarán mover nuestra voluntad para que nos arrojemos ciegamente a sus batallas y sus trincheras. Intentarán que olvidemos lo que somos, ciudadanos de a pie: trabajadores, jubilados y estudiantes aplastados por las botas que aquellos calzan: las de la codicia y la plutocracia. Son precisamente ellos, los grandes capitalistas y hombres de estado, los que intentarán camelarnos para que luchemos en sus guerras del dinero y el poder.

¡No lo permitamos! ¡Levantemos ya nuestra voz contra la guerra! ¡Preparemos la lucha contra la manipulación y la devastación!

Juan C. Valls


Cómo combatir las excusas para no ir a una manifestación

mayo 10, 2011

Viñeta de El Roto¿Cómo lograr que tus amigos y conocidos, poco dados a defender sus derechos, vayan contigo a una manifestación? Una forma sería conseguir que leyesen textos del estilo del ¡Quejicosos del mundo, uníos! que escribí hace un tiempo, los cuales abundan en Internet; pero hay gente demasiado anquilosada… Aparte de los argumentos para ir, que seguro tendrás y tu amigo probablemente conocerá ya, es muy importante afrontar dos tendencias de la psique humana: la de reducir al máximo el esfuerzo (dolor) y la de aumentar al máximo el disfrute (placer). ¿Qué ocurre a este respecto cuando hablamos de manifestaciones? Pues muy sencillo. Aunque tu amigo esté de acuerdo con los argumentos o reivindicaciones, probablemente se vea afectado por los siguientes prejuicios:

  1. Una manifestación es algo serio que requiere ir a un sitio y andar más o menos despacio durante un cierto tiempo (esfuerzo).
  2. Una manifestación es algo serio, más bien aburrido (displacer).

Pero nadie suele declarar honestamente tales razones para no ir a una manifestación. Antes bien, la gente suele elaborar una excusa tras otra, a cual más sofisticada, para no ir y no parecer que simplemente quiere quedarse en casa cómodamente o hacer cualquier otra cosa trivial.

A continuación repaso algunas de las excusas típicas junto con algunas formas de combatirlas:

  • “No sirve para nada”. Pensar eso mismo es lo que hace que no sirva para nada, sobre todo si lo piensa mucha gente. Esto es lo que se llama una profecía autocumplida. Frente a esto, hay que moverse. ¡El camino se hace caminando!
  • “Es que no creo que vaya a ir mucha gente”. Típica excusa de la mentalidad rebaño. ¿Vas a la manifestación por convicción o solo como una oveja que busca la multitud? Se trata de salir por convicción propia, no por calor borrego. Además, esta excusa lleva nuevamente a una profecía autocumplida. Si todos pensamos así, de seguro que no habrá mucha gente. No hay que caer en la trampa de estos pensamientos autodesactivadores.
  • “Tengo cosas que hacer”. Vaya, tienes cosas que hacer justo cuando tienes que defender aspectos trascendentales para tu vida. Espero que esas cosas sean mucho más importantes. Por cierto, si tienes tantas cosas que hacer, ¿por qué te fuiste ayer de fiesta toda la tarde-noche? Ah, y sí, las dos horas que puede durar la manifestación seguro que te impedirán hacer esas cosas tan importantes
  • “Yo ya he ido a una; ya he cumplido”. Toma ya. O sea, que vas a las manifestaciones por cumplir… ¿También te dejas explotar por cumplir? Pensaba que salías para reivindicar algo.
  • “Yo iré a la siguiente”. El perro también se comió tus deberes, ¿verdad?
  • “Esto tiene que solucionarse con métodos más contundentes, no con manifestaciones”. Te habrás quedado en la gloria, ¡qué gran excusa! Leámosla otra vez: “no voy porque hay que hacer algo más fuerte”. Hay que hacer, o sea, que lo hagan los demás.  El heraldo de la paz ahora aboga solapadamente por la violencia y luego, cuando se usa, la cataloga como vandalismo… Eso evidencia que se trata tan solo de una excusa barata.
  • “La gente está dormida, no vamos a conseguir nada, España es un país de borregos, aquí nadie se mueve, bla, bla, bla”. Esta es la descripción perfecta de uno mismo erigida como excusa: quiero estar dormido, soy un borrego, no me quiero mover. Es un mezcluje de excusas anteriores. La excusa típica del que se cree un perspicaz analista de la situación. Solo habla y habla y nunca se mueve. También es la excusa del típico revolucionario de sofá y del estirado prócer que no se considera afectado por los problemas que sufre en secreto.
  • “La política se hace en las instituciones, no en la calle”. Palabra de Dios. Te alabamos, Señor. Es aconsejable regalar un libro de historia a los que se excusan así. Tal vez se den cuenta de que casi todas las mejoras importantes que hemos logrado a lo largo de los siglos han sido arrebatadas a los gobernantes de turno luchando en la calle.

Cuando alguien ha sido derrotado en todas estas excusas, probablemente se refugie en la sinceridad total y diga algo así como “no me apetece” o “prefiero ver el partido”. Entonces es cuando habremos de reprobarle moralmente su actitud, pues se estará mostrando claramente como alguien que no hace aquello que le compete directamente. Pura desidia, irresponsabilidad, comodidad y disfrute a corto plazo, pese a que estén en juego sus condiciones de vida futuras… (Y el futuro es más largo que el presente).

Pero si aun así no accede o no parece muy convencido, entonces hay que usar la psicología. No tenemos por qué ver las manifestaciones con los prejuicios antes indicados. Podemos verlas desde otras perspectivas, como:

  • Un paseo con los amigos para después ir todos juntos a tomar algo.
  • Una forma de conocer gente.
  • Un evento con el que salir de la rutina.
  • Una forma de reencontrarse con el espíritu colectivo más allá de los botellones y las discotecas.

En conclusión, si a uno le afectan los problemas que se denuncian o está de acuerdo con las reivindicaciones:

No tiene excusas. ¡Que salga ya a la puta calle!

Y así habrá que decírselo.

Juan C. V.


Unión, Organización y… ¡Acción!

septiembre 27, 2010

Recientemente hemos conocido otra lamentable noticia para el ciudadano de a pie: la luz va a subir cerca de un 5% y se prevé que seguirá subiendo. De nuevo he podido leer numerosas quejas y muestras de indignación en foros y diarios de Internet, pero ¿de qué nos sirve quejarnos si no hacemos algo que les duela a los responsables? La crítica y la queja es el primer paso, pero quedarse ahí solo contribuye a que todo siga igual. Por eso debemos despertar y levantarnos. Unirnos y organizarnos. Reflexionar y rebelarnos. Una sociedad verdaderamente libre es una sociedad en constante y perpetua rebelión. Rebelión contra la arbitrariedad, contra la injusticia, contra el abuso, contra el expolio, contra los que se aprovechan del resto.

La crítica racional, la reflexión y la comprensión de las causas y las consecuencias deben servirnos no solo para ser conscientes de nuestra condición, sino también para impulsarnos hacia la unión, la defensa y la lucha. Los ciudadanos de a pie —los trabajadores en activo o en paro, los ancianos, las/os amas de casa, los estudiantes, etc.— somos individualmente tan débiles que se nos puede aplastar fácilmente, pero tenemos algo que no tienen los de arriba: número. Somos tantos los que pasamos por la vida como hormiguitas que, si nos uniéramos, podríamos deshacernos fácilmente de esos poderes que nos constriñen. Al margen de todo lo que nos diferencia, de nuestras infinitas personalidades, gustos, pensamientos, conductas e ideologías, tenemos algo en común. Todos nosotros somos los que siempre damos más de lo que recibimos. Somos los que sufrimos el robo legal permanente en forma de sueldos precarios, de impuestos, de deuda, de arbitrariedad laboral, de injusticia normativa… Así que ha llegado la hora de decir ¡Basta ya! en la calle. En esa calle que no visitamos desde hace tiempo y que precisamente hemos creado a cada paso, a cada suspiro y a cada gota de nuestro sudor.

La unión nos convierte en una masa decidida en la calle, pero esto a veces es difícil de lograr. Por este motivo es importante la organización. Si queremos unirnos eficazmente, hacernos oír o actuar donde más les duele (en los bolsillos), es de gran ayuda estar organizados previamente, ya sea en asociaciones de vecinos, de consumidores, de ecologistas o de lo que más te guste. Lo importante es que esas asociaciones estén bien engrasadas, pues así nos servirán para mantenernos informados y para reunirnos cuando sea necesario.

En cualquier caso, no hace falta ser miembro de una asociación para ser una persona activa; basta con tener un mínimo de interés por la sociedad y por ti mismo, pues eso te llevará a encontrar otras personas que no se arrastren perrunamente por el camino marcado. Aunque no lo creas, actuar en favor de la sociedad en general redunda también en tu propio beneficio. Es más, te permite conocer personas de todo tipo, escapar de la gris rutina de trabajo-consumo, descubrir nuevas ideas y, en definitiva, actuar junto a gente que derrocha vitalidad e iniciativa.

Organizados o no, podemos hacer algo más que lloriquear frente a la pantalla del ordenador. Salir a la calle a defender nuestros derechos no suele suponer más que un rato que bien puede pasarse con los amigos. Si la agresión es demasiado fuerte y atenta contra lo más básico, entonces solo nos quedará la huelga como medida de presión efectiva, pues es la única que afecta al funcionamiento del estado y al bolsillo de los grandes empresarios. Es cierto que también nosotros perderemos el sueldo de ese día, pero esto no será nada comparable a lo que perderemos si fracasamos.

Así pues, muévete de una vez. Sal a la calle para algo más que para consumir. Grita, protesta, defiende tus derechos en manifestaciones, sentadas, concentraciones, huelgas, charlas o lo que te dé la gana. El 29S, por ejemplo, habrá manifestaciones en todas las capitales de provincia. No seas la vergüenza de tus antepasados, que derramaron sangre y lágrimas por lo que hoy disfrutas. No te conviertas en un pedazo de carne entregado a la ignorancia y al derrotismo. Que no te engañen. Que no te desaminen. Infórmate y discute. Comprende y actúa como alguien digno de ser llamado persona. No importa tu ideología, el color de tu piel o el de tus bragas. Es la hora de mover el culo. Es la hora de luchar.

¡Que tiemble la calle!

Juan C. V.


A %d blogueros les gusta esto: