No hay objetivos comunes, reconozcámoslo de una vez (Movimiento 15-M)

mayo 31, 2011

No dejan de escucharse, tanto en las asambleas como en la Red, continuas llamadas a la unión y a los supuestos objetivos iniciales. Unión y acuerdos de mínimos, como si las acampadas, asambleas o el cibergurú de turno representaran a la población española y no meramente a sí mismos.

Por doquier vemos que la unión se pone por encima de cualquier cosa en aras del asombroso propósito de dirigirnos hacia no se sabe bien dónde. ¿Qué objetivos son esos que hay que defender y que supuestamente nos llevan a la unión y viceversa? Pues, al parecer, son ese pastiche voluntarista y socialdemócrata de aquella plataforma llamada Democracia Real Ya que, por el simple hecho de haber canalizado exitosamente la indignación en el 15-M, ahora muchos (aunque no ellos mismos) dicen que representa sus fundamentos, la voluntad de los protestantes, su espíritu…

¡Pero esto es ilusorio! No existen tales supuestos objetivos compartidos por todos. Nadie está de acuerdo siquiera en uno solo. ¿Acaso el hecho de que yo saliera a la calle el 15-M significa que lo hiciera por lo que proponía DRY? ¿De verdad? ¿Y los que salieron más tarde? Yo pensaba que la gente salía y sale a la calle con DRY, WET o con la madre del cordero porque está hasta las pelotas; porque siente la necesidad de elevar su quejido agónico ante un mundo que la oprime y marchita; porque la presión no puede contenerse por más tiempo en su interior y el dolor escapa ya sin mordaza en forma de aullido visceral. Si la gente salió el 15-M y el resto de días a las calles fue por esto mismo junto a mil y una razones diferentes más, expresión de la natural diversidad de ideologías, conocimientos, perspectivas, deseos, sentimientos, voluntades… ¡No hay objetivos comunes originales ni acuerdos mínimos sobre lo que hay que hacer! Lo que hay de común en todos nosotros no es más que un deseo abstracto de mejora del sistema económico-político. ¡Y ya está!

Lo que empezó como una protesta no ha dejado de ser nunca una protesta. Es una protesta que se prolongó muchos días y que se ha pretendido convertir en un proyecto político desde el eclecticismo ideológico de aquel llamamiento de DRY. Pero no, esto es imposible. No se puede construir nada sobre cimientos de agua. Se ha intentado seguir el programa de la inclusividad absoluta que transpiraba DRY sin ser conscientes de que tal proyecto era imposible de partida. Tal inclusividad solo puede ser efectiva para convocar manifestaciones, para reunir, pero nunca para unir bajo un mismo proyecto político. ¿Qué proyecto, acaso? ¿Qué política? ¿Qué fundamentos? Peticiones de aquí y allí. Propuestas de allá y acullá. Las cenagosas aguas del pantano.

Acogerse al gotelé de reivindicaciones de DRY, de la asamblea de Peralta o de Don Pimpón el tecnopontífice es encaminarse al fracaso más rotundo y absoluto, como ya se está viendo. ¿Qué sentido tiene mantener tal o cuál acampada de momento si no se tienen claros los objetivos? ¿De verdad hemos montado todo esto para reclamar lo que ya tenían varios partidos políticos en sus programas? ¿Un cambio en la ley electoral? ¿Un azote tímido en el trasero de los bancos? Para este viaje no necesitábamos alforjas. Muchas personas no estamos saliendo a la calle con objetivos tan superficiales, pero parece que los cielos han hablado y hay que aceptarlos, pues son la voluntad de algún todo en el que no estamos incluidos.

Tan pronto las acampadas adoptaron la actitud promovida por DRY —consistente en amalgamar un totum revolutum—, la supuesta unión buscada no ha sido más que artificiosa e irreal. El sustento de esta unión total es imposible dada la diversidad de perspectivas, de evaluaciones, de fundamentos, de conocimientos, de ideas, de valores, de expectativas, de deseos… El consenso se prima, no se impone. No hay unión total sobre cimientos ausentes, diversos o incompatibles. El movimiento no puede seguir siendo un movimiento, sino que habrá de desdoblarse en varios según lo imponga su diferencia o bien perecer por conflictos internos. Aspirar a una homogeneización total es ingenuo y temerario, como lo son el populismo, el mesianismo y el dogmatismo. La diferencia ha de reconocerse y no eliminarse. La estrategia de DRY es, como dije, exitosa para la convocatoria, pero contraproducente para la política.

Las manifestaciones, las protestas, las actividades, las asambleas, los foros de internet y los chats son magníficos, claro que sí. Son los medios en los que nos encontramos, dialogamos, discutimos, acordamos, divergimos. Son la esencia de la democracia y el sustrato último de la vida pública. No los usemos con la intención de crear una masa homogénea imposible. No caigamos en un decisionismo vacuo y estéril. Usémoslos para elaborar interpretaciones informadas y conscientes del presente. Hagamos hermenéutica para establecer las bases teóricas y prácticas que nos permitirán definir con claridad objetivos de cambio a largo plazo y estrategias para alcanzarlos. Es la hora del recogimiento, la lectura, la reflexión… Es la hora de la filosofía.

Si no empezamos a construir los cimientos, la organización social alcanzada seguirá navegando sin rumbo fijo y, como bien apuntó Séneca, a aquel que no sabe hacia dónde se dirige su barco ningún viento le será favorable. Nuestros futuros proyectos serán probablemente diversos, pero todos serán hermanos con un espíritu común: el espíritu de las personas que hablan y deciden entre sí como iguales; como lo que son, personas, y no como autómatas al servicio de los dogmas.

Juan C. Valls

Puedes citar este artículo como:

Valls, J. C. “No hay objetivos comunes, reconozcámoslo de una vez (Movimiento 15-M)”. La prisión mental. URL: https://laprisionmental.wordpress.com/2011/05/31/no-hay-objetivos-comunes-reconozcamoslo-de-una-vez-movimiento-15-m/.

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Logros, peligros e incertidumbres del movimiento 15M

mayo 23, 2011

Atención: si te parece interesante este artículo, por favor, haz que llegue a las asambleas.

La Semana Soleada de mayo de 2011 ha marcado el inicio de un período revolucionario que de ahora en adelante continuará a la sombra de los medios de desinformación masiva. Estos medios, que crean la realidad de la mayor parte de la población, harán desaparecer las actuales protestas tan pronto la fatiga informacional y la adicción al consumo de novedades prefabricadas haga acto de presencia. Pero esta ausencia de hiperrealidad mediática no cancelará la realidad misma, sino que la liberará de condicionantes varios y de factores perturbadores. En ella, el movimiento seguirá desarrollándose a manos de las personas verdaderamente implicadas y comprometidas, cuyas inteligencia, voluntad y perseverancia serán decisivas para su trascendencia.

No obstante, el destello de la Semana Soleada no habrá sido en vano. Las asambleas y su éxito mediático ya han supuesto algunos logros que, a mi juicio, son muy importantes, como:

  • Sacudida en el espíritu de la época. Las ideas preconcebidas, los estereotipos y las actitudes acríticas en aspectos políticos y sociales han dado paso en muchas personas a un estado mental de apertura y receptividad a nuevas concepciones. En ello ha influido la autoridad atribuida a medios como la TV, que se ha visto forzada a presentar lenguajes ajenos a los del poder establecido y oficializado. (Ignoramos aquí los canales que tienen una especial vocación humorística-circense). El discurso monológico que muestra el mundo existente como el único mundo posible se ha tambaleado en los mismos medios que lo sostienen.
  • Revitalización del asamblearismo, la autogestión y la democracia directa. La asamblea como órgano de autogestión horizontal de la sociedad es ahora conocida por muchas personas. Son inevitables las comparaciones con la democracia liberal que, bajo el disfraz de representacionismo ciudadano, representa —casi en exclusiva— a las camarillas económicas en colusión predatoria contra el ciudadano-trabajador-consumidor.
  • Puesta en cuestión del statu quo y manifestación ineludible de la necesidad de un cambio profundo en el sistema político y económico.
  • Puesta en pie de guerra de una parte considerable de la población. Las manifestaciones podrán acoger más fácilmente un mayor número de personas y propuestas. Las reivindicaciones en otros ámbitos se auguran más frecuentes.
  • Canalización del hastío, la rabia y la indignación hacia la organización combativa y reflexiva.
  • Movilización de personas hasta ahora poco interesadas en la política. Esto abre la posibilidad de que se reduzca la sumisión laboral e intelectual.
  • Aparición de un nuevo referente de lucha social, que trasciende las organizaciones clásicas y sus proyectos microscópicos.
  • Establecimiento de contactos, relaciones e intercambios entre grupos activistas. Enriquecimiento mutuo.
  • Experiencia. La práctica asamblearia en un ámbito abierto y diverso ha permitido aprender y plantear la corrección de errores hasta ahora poco visibles. La experiencia adquirida en movilización y organización a través de Internet servirá para mejorar la eficacia y la eficiencia de estos movimientos. El aprendizaje puede ayudar también a incrementar la solidez y cohesión de los grupos.
  • Aumento de la autoestima y de la confianza de la ciudadanía en que se puede hacer algo para cambiar las cosas. La pasividad generada por el vaciamiento de la política institucionalizada puede dar paso a la actividad y al uso de nuevos discursos.
  • Planteamiento de metas y horizontes hasta ahora circunscritos a ámbitos intelectuales y de debate. Se perfila la aplicabilidad de diversos proyectos.

Pero de la misma forma que ha habido logros, también han aparecido peligros. A continuación expongo los más importantes junto a algunas indicaciones para reducirlos:

  • Ingenuidad. No se puede pretender amontonar ideas y propuestas sin orden ni concierto y que estas se lleven a cabo. Esto debe responder a una fundamentación teórica y práctica lo suficientemente sólida y consciente del momento como para superar el voluntarismo bienintencionado pero ingenuo. Este peligro está presente desde los orígenes de las protestas. No basta con saber lo que se quiere en aspectos concretos: todo ello es irrealizable si no se aborda desde fundamentos lúcidos que lo hagan posible.
  • Falta de conciencia e inteligencia. Ningún movimiento puede tener éxito sin cabezas pensantes bien informadas y conocedoras del medio en el que se desarrolla. Es imprescindible ser hermeneutas del presente para ser conscientes de los trazos del futuro. Hay que pensar estratégicamente sin violar los principios morales del proyecto.
  • Mala gestión de los tiempos. La inconsciencia anterior puede llevar a la precipitación o al rezago y, de esta forma, poner en riesgo el futuro de los proyectos. Hay que conocer el momento y actuar en consecuencia. Adelantar acontecimientos puede suponer el bloqueo de acciones futuras, la generación de resistencias y la inocuidad de los mensajes, a los que se suma el desperdicio de recursos. Este problema empieza a darse en algunos lugares.
  • La parálisis del análisis. Analizar excesivamente puede llevar al rezago antes mencionado y a desaprovechar, así, las oportunidades. Cabe elaborar mecanismos para romper este tipo de bloqueos con decisiones fundamentadas y razonables, aunque no perfectas. La perfección no existe.
  • Fundamentalismo, dogmatismo y cerrazón mental. No hay que ser más papistas que el papa. Más vale estar abiertos a las ideas sin encasillarlas rápidamente bajo categorías para a continuación rechazarlas. Pensar, hablar, discutir, acordar y vuelta a pensar, hablar… ¡Abajo los prejuicios!
  • División endógena. El bombo mediático junto a la táctica aglutinadora de Democracia Real Ya han creado la ilusión de unión y victoria. Tan pronto la intensidad se reduzca y los proyectos comiencen a desarrollarse, la diversidad ideológica se hará cada vez más patente. Esta diversidad debe ser canalizada hacia foros y órganos de discusión ordenados antes de que cause enemistades y fracturas irreparables. La táctica de convocatoria “al margen de ideologías” de Democracia Real Ya es exitosa en la movilización, pero inútil y contraproducente en lo político. Este peligro ya está apareciendo.
  • Desvirtuación y desarticulación exógena. Los gobiernos y partidos políticos intentarán despedazar el movimiento atrayendo las partes que les sean más afines y boicoteando su organización. Frente a la infiltración y la tensión, solo cabe una sólida integridad moral y una organización poco visible y permeable a las instituciones. Plantearse la formación de partidos es ingenuo e inconsciente, y supone la claudicación frente a la perversa lógica del pseudo-representacionismo. Cabe tener cuidado con la mala prensa forzada para desprestigiar los proyectos.

Si todo esto es así, entonces se nos plantean diversas incertidumbres sobre el futuro del movimiento:

  • Es incierto si este estallido de rabia e indignación cristalizará en proyectos conscientes e informados o si se evaporará por la división. Lo que está claro es que las protestas continuarán.
  • Es incierta la trascendencia práctica que podrá tener en el futuro y su influencia en distintas capas y ámbitos de la sociedad. Todo ello depende de la organización y de la inteligencia de sus activistas.
  • Es incierto el impacto que tendrá en el ámbito laboral, que paradójicamente es aquel en el que más se sufren los problemas de este sistema económico-político.
  • Es incierta la lectura que harán de este movimiento los partidos políticos y cómo intentarán capitalizarlo o anularlo. Lo que está claro es que intentarán hacer alguna de estas cosas.
  • Es incierta la deriva de los sindicatos oficiosos, cuyas bases notan cada vez más la traición de las cúpulas. Una presión desde abajo hacia arriba es imprescindible para que hagan autocrítica pública y adopten una actitud más combativa.
  • Es incierta la deriva macroscópica de las ideas. Es posible que la sociedad se polarice pese a que su mayor parte sufra los mismos problemas. La alienación causa estragos, y hay cadenas de TV especializadas en ello.

Después de todo esto, solo me resta animar a la participación en los proyectos que se están forjando y recordar que la teoría y la práctica son caras de una misma moneda: indisolubles e imprescindibles entre sí.

Juan C. Valls

Puedes citar este artículo como:

Valls, J. C. “Logros, peligros e incertidumbres del movimiento 15M”, La prisión mental. URL: https://laprisionmental.wordpress.com/2011/05/23/logros-peligros-e-incertidumbres-del-movimiento-15m/.


Cómo combatir las excusas para no ir a una manifestación

mayo 10, 2011

Viñeta de El Roto¿Cómo lograr que tus amigos y conocidos, poco dados a defender sus derechos, vayan contigo a una manifestación? Una forma sería conseguir que leyesen textos del estilo del ¡Quejicosos del mundo, uníos! que escribí hace un tiempo, los cuales abundan en Internet; pero hay gente demasiado anquilosada… Aparte de los argumentos para ir, que seguro tendrás y tu amigo probablemente conocerá ya, es muy importante afrontar dos tendencias de la psique humana: la de reducir al máximo el esfuerzo (dolor) y la de aumentar al máximo el disfrute (placer). ¿Qué ocurre a este respecto cuando hablamos de manifestaciones? Pues muy sencillo. Aunque tu amigo esté de acuerdo con los argumentos o reivindicaciones, probablemente se vea afectado por los siguientes prejuicios:

  1. Una manifestación es algo serio que requiere ir a un sitio y andar más o menos despacio durante un cierto tiempo (esfuerzo).
  2. Una manifestación es algo serio, más bien aburrido (displacer).

Pero nadie suele declarar honestamente tales razones para no ir a una manifestación. Antes bien, la gente suele elaborar una excusa tras otra, a cual más sofisticada, para no ir y no parecer que simplemente quiere quedarse en casa cómodamente o hacer cualquier otra cosa trivial.

A continuación repaso algunas de las excusas típicas junto con algunas formas de combatirlas:

  • “No sirve para nada”. Pensar eso mismo es lo que hace que no sirva para nada, sobre todo si lo piensa mucha gente. Esto es lo que se llama una profecía autocumplida. Frente a esto, hay que moverse. ¡El camino se hace caminando!
  • “Es que no creo que vaya a ir mucha gente”. Típica excusa de la mentalidad rebaño. ¿Vas a la manifestación por convicción o solo como una oveja que busca la multitud? Se trata de salir por convicción propia, no por calor borrego. Además, esta excusa lleva nuevamente a una profecía autocumplida. Si todos pensamos así, de seguro que no habrá mucha gente. No hay que caer en la trampa de estos pensamientos autodesactivadores.
  • “Tengo cosas que hacer”. Vaya, tienes cosas que hacer justo cuando tienes que defender aspectos trascendentales para tu vida. Espero que esas cosas sean mucho más importantes. Por cierto, si tienes tantas cosas que hacer, ¿por qué te fuiste ayer de fiesta toda la tarde-noche? Ah, y sí, las dos horas que puede durar la manifestación seguro que te impedirán hacer esas cosas tan importantes
  • “Yo ya he ido a una; ya he cumplido”. Toma ya. O sea, que vas a las manifestaciones por cumplir… ¿También te dejas explotar por cumplir? Pensaba que salías para reivindicar algo.
  • “Yo iré a la siguiente”. El perro también se comió tus deberes, ¿verdad?
  • “Esto tiene que solucionarse con métodos más contundentes, no con manifestaciones”. Te habrás quedado en la gloria, ¡qué gran excusa! Leámosla otra vez: “no voy porque hay que hacer algo más fuerte”. Hay que hacer, o sea, que lo hagan los demás.  El heraldo de la paz ahora aboga solapadamente por la violencia y luego, cuando se usa, la cataloga como vandalismo… Eso evidencia que se trata tan solo de una excusa barata.
  • “La gente está dormida, no vamos a conseguir nada, España es un país de borregos, aquí nadie se mueve, bla, bla, bla”. Esta es la descripción perfecta de uno mismo erigida como excusa: quiero estar dormido, soy un borrego, no me quiero mover. Es un mezcluje de excusas anteriores. La excusa típica del que se cree un perspicaz analista de la situación. Solo habla y habla y nunca se mueve. También es la excusa del típico revolucionario de sofá y del estirado prócer que no se considera afectado por los problemas que sufre en secreto.
  • “La política se hace en las instituciones, no en la calle”. Palabra de Dios. Te alabamos, Señor. Es aconsejable regalar un libro de historia a los que se excusan así. Tal vez se den cuenta de que casi todas las mejoras importantes que hemos logrado a lo largo de los siglos han sido arrebatadas a los gobernantes de turno luchando en la calle.

Cuando alguien ha sido derrotado en todas estas excusas, probablemente se refugie en la sinceridad total y diga algo así como “no me apetece” o “prefiero ver el partido”. Entonces es cuando habremos de reprobarle moralmente su actitud, pues se estará mostrando claramente como alguien que no hace aquello que le compete directamente. Pura desidia, irresponsabilidad, comodidad y disfrute a corto plazo, pese a que estén en juego sus condiciones de vida futuras… (Y el futuro es más largo que el presente).

Pero si aun así no accede o no parece muy convencido, entonces hay que usar la psicología. No tenemos por qué ver las manifestaciones con los prejuicios antes indicados. Podemos verlas desde otras perspectivas, como:

  • Un paseo con los amigos para después ir todos juntos a tomar algo.
  • Una forma de conocer gente.
  • Un evento con el que salir de la rutina.
  • Una forma de reencontrarse con el espíritu colectivo más allá de los botellones y las discotecas.

En conclusión, si a uno le afectan los problemas que se denuncian o está de acuerdo con las reivindicaciones:

No tiene excusas. ¡Que salga ya a la puta calle!

Y así habrá que decírselo.

Juan C. V.


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