Estado y nación

Banderas

La vieja afirmación de que el desarrollo del Estado nacional procede de la conciencia nacional creciente de los pueblos, no es más que una fantasía que prestó buenos servicios a los representantes de la idea del Estado nacional, pero no por eso es menos falsa. La nación no es la causa, sino el efecto del Estado. Es el Estado el que crea a la nación, no la nación al Estado. Desde este punto de vista, entre pueblo y nación existe la misma diferencia que entre sociedad y Estado.

Toda vinculación social es una creación natural que se forma armónicamente de abajo arriba en base a las necesidades comunes y al mutuo acuerdo, para proteger y tener presente la conveniencia general. Hasta cuando las instituciones sociales se petrifican paulatinamente o cuando se vuelven rudimentarias, se puede reconocer claramente la finalidad de su origen en la mayoría de los casos. Pero toda organización estatal es un mecanismo artificioso que se impone a los hombres de arriba abajo por algunos potentados y no persigue nunca otro objetivo que el de defender y asegurar los intereses particulares de minorías sociales privilegiadas.

Un pueblo es el resultado natural de las alianzas sociales, una confluencia de seres humanos que se produce por una cierta equivalencia de las condiciones exteriores de vida, por la comunidad del idioma y por predisposiciones especiales debidas a los ambientes climáticos y geográficos en que se desarrolla. De esta manera nacen ciertos rasgos comunes que viven en todo miembro de la asociación étnica y constituyen un elemento importante de su existencia social. Ese parentesco interno no puede ser elaborado artificialmente, como tampoco se le puede destruir de un modo arbitrario, salvo que se aniquile violentamente y barra de la tierra a todos los miembros de un grupo étnico. Pero una nación no es nunca más que la consecuencia artificiosa de las aspiraciones políticas de dominio, como el nacionalismo no ha sido nunca otra cosa que la religión política del Estado moderno. La pertenencia a una nación no es determinada nunca por profundas causas naturales, como lo es la pertenencia al pueblo; eso depende siempre de consideraciones de carácter político y de motivos de razón de Estado, tras los cuales están siempre los intereses particulares de las minorías privilegiadas en el Estado. Un grupito de diplomáticos, que no son más que emisarios comerciales de las castas y clases privilegiadas en la organización estatal, decide a menudo arbitrariamente sobre la nación a que pertenecen determinados grupos de hombres, los cuales han de someterse a sus mandatos, porque no pueden hacer otra cosa, sobre todo cuando no se les ha requerido siquiera su propia opinión.

Rudolf Rocker, Nacionalismo y cultura, 1933.

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2 respuestas a Estado y nación

  1. Buenas prisión,

    Es cierto, como dice Rocker, que la nación es una creación del Estado, aunque también es cierto que desde la revoluciones francesa y americana la nación convive dentro del Estado con el concepto de “república”. La República está más orientada hacia el futuro, se supone un proyecto común, y se supone que el ciudadano debe retirarle su apoyo cuando está equivocada, por contraposición al apoyo incondicional que debe prestar el patriota a la nación.

    Te comento esto, porque es importante tener en cuenta que hay varias formas de Estado. Una de las cuestiones que veo problemáticas, respecto al pensamiento de, por ejemplo Ivan Illich (que reconozco que conozco muy por encima), es que él habla de “dependencia” respecto a ciertas instituciones del estado, pero yo creo que no está mal tener una póliza de seguros conjunta, que repare un poco los riesgos que siempre entraña el ejercicio de la libertad.

    Por eso finalmente me he hecho partidario de la Renta Básica de Ciudadanía, un concepto que es difícil entender sin el Estado. Al mismo tiempo esa Renta Básica, quizás podría ser el trampolín para reducir el trabajo pago, y empezar a crear una economía alternativa.

    Eso es lo que pienso ahora mismo.

    un saludo,

  2. Dubitador dice:

    La democracia y el Estado nacional,
    Capitulo decimo segundo del Libro Primero de
    Nacionalismo y Cultura
    de Rudolf Rocker.
    http://www.antorcha.net/biblioteca_virtual/politica/nacionalismo/12.html

    Estoy de acuerdo con La Proa del Argo, o sea con don Jesus N.

    El Estado Democratico, usualmente asimilado al termino Republica, pretende ser algo mas allá y distinto del Leviatan hobbesiano. Pretende ser, llegar a ser, un autentico contrato social y por ello mismo negociable y adaptable al estado de conciencia de los tiempos, aunque sin devenir en un asunto proteico y arbitrariamente modelable segun el vaiven de mayorias coyunturalesm donde el papel del monarca en tanto que ancla y eje de identidad, proposito y permanencia, pasa a detentarlo un ente institucional/legal: la Constitucion.

    Los Estados son herederos del monarca absoluto, quien pretendia los poderes de un feudal y el proceder de un dueño capitalista, gobernando un pais como el capitalista su empresa. Pero su vis feudal sometia a excesivo control a aristocratas y siervos, embarcando al pais en a menudo ruinosas guerras y cuyas eventuales victorias raramente redundaban en ampliacion del reino y practicamente nunca compensaba los gastos y dislocacion. El monarca absoluto en tanto que gerente maximo del pais-empresa era un mal gerente en tanto que feudal y por ello los capitalistas, azuzando ocasionalmente a la plebe con consignas de libertad, fueron arrebatandole poderes y exigendo que negociara sus exigencias y arbitrios en los parlamentos, envoldiendole a tal efecto una jaula legal.

    El capitalismo “se hizo un hombre” luchando contra dicho monarca quien pretendia tener enchiquerada a la aristocracia en la Corte. Asi que dichos feudales, se convirtieron en capitalistas, imitando el proceder del burgues exitoso pero aplicando a sus emprendimientos sus fortunas de aristocratas.

    La empresa guerrera como empresa capitalista era de tanto mas improbable exito cuanto mas diferenciado y uniformizado fuera el pais invadido, pues la lengua, la cultura, la religion la lealtad al monarca, hacian practicamente imposible la incorporacion de un reino en otro. En consecuencia, la elaboracion cultural del nosotros, de la identidad nacional hipostasiada en la figura del monarca, era el mejor blindaje, el mejor guardian del reino, extendiendo a todo un pais la identificacion sentimental que fue otrora fue el aglomerante del feudo.

    De ahi viene el nacionalismo y su vis religiosa, es directa emanacion de la alianza del trono con el altar. El nacionalismo romantico nacio en tierras marcadas por interminables y cataclismaticos procesos de fagocitacion-regurgitacion de reinos y donde el capitalismo disolvia los viejos lazos comunales, surgiendo la añoranza, la nostalgia, de aquel monarca mitologizado, sacralizado, del que se suponia emanaba identidad, armonia, proposito, en contraposicion con el disloque de la cultura de negocios.

    El nacionalismo nacio en tierras que experimentaron el haber pasado a ser de otro reino, de modo que el malestar, las injusticias, la opresion, la deficiente o nula integracion, tenian balsamo y solucion en el retorno al viejo reino, al reino propio, a la propia tierra, a la autonomia y gobierno propios.

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