Próximo crash en las bolsas mundiales

junio 4, 2014

Juan C. Valls

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Fuente: Nomura Research Institute.

Las medidas de expansión monetaria llevadas a cabo por los bancos centrales con el objetivo de paliar la crisis financiera desatada en 2008 se han mostrado completamente ineficaces. El inmenso rescate a la banca privada realizado mediante inyecciones de liquidez y compra de activos tóxicos no se ha transformado en suficiente crédito para las empresas de la economía real, sino que se ha utilizado para rellenar ficticiamente los agujeros de los balances y comprar acciones. La banca privada y los fondos de inversión han multiplicado y recanalizado buena parte de dicho dinero fiat hacia los mercados financieros, es decir, lo han mantenido en última instancia bajo su control impidiendo que escapara de su esfera de acumulación. Sin embargo, esto no responde tan solo a su interés individual, en tanto que agentes, en mantener su cuota de poder en la red del mercado global, sino también a las dudas sobre el futuro crecimiento de la economía real y a la mayor rentabilidad potencial que ofrecen los mercados financieros, donde el riesgo permite una especulación de cuantiosas y rápidas ganancias… o pérdidas.

Desde 2009, las principales bolsas occidentales han mantenido una tendencia alcista que no se corresponde con el estado de la economía real. Los precios de las acciones aumentan incesantemente y no dejan de batir máximos históricos, incluyendo los de pasadas burbujas. Pero el elevado desempleo, la creciente desigualdad y, en definitiva, la escasa capacidad de compra de las masas de asalariados no pueden dar lugar a beneficios empresariales crecientes en la economía real, ni siquiera en el sector tecnológico de Internet, cuyos importantes ingresos por publicidad no dependen directamente de las rentas del trabajo. En el sur de Europa, además, las políticas de austeridad han asfixiado a los ciudadanos y estos ya no pueden consumir ni aun supliendo con deuda su escaso salario, pues apenas se conceden préstamos. De hecho, la economía europea es un polvorín. No solo se prolongará el estancamiento hasta la próxima década, sino que a esto se unirá también un esperable colapso fiscal, que abarcará a todos los estados alineados en el bloque estadounidense.

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Fuente: Cyniconomics.

Tarde o temprano, la realidad tenía que imponerse cerrando el círculo entre las expectativas infundadas y el futuro que se materializa tercamente en un presente inexorable. Tras cinco años de crisis, ya resuenan las trompetas del apocalipsis en los mercados financieros. Las compañías financieras pronto despertarán de su alucinación paradisíaca producto de la droga monetaria. Su drogodependencia es tan fuerte que ya no pueden tolerar una reducción de la droga (como se pretende hacer poco a poco en EEUU), pues eso las obligaría a tomar conciencia de la realidad de la que intentan evadirse una y otra vez. Más aún, han recibido tantas dosis de liquidez que cada vez son menos sensibles a nuevas inyecciones (como se pretende en Europa). Por si fuera poco, su exposición a un mercado de derivados que ya supera un valor de diez veces el PIB mundial es altísima.

El PIB de Estados unidos se redujo un 1% en el primer trimestre de 2014, algo que ha sido una relativa sorpresa, pues se esperaba, a lo sumo, un descenso del 0,5%. El choque con la realidad ha comenzado y solo el tiempo dirá si se desarrollará a cámara rápida o a cámara lenta.

El proceso también está conectado con la desaceleración de los países emergentes, que comenzó en la segunda mitad de 2013 en India y Brasil y pronto, a comienzos de 2014, se hizo evidente en Argentina y Turquía cuando tuvieron que recurrir a fuertes devaluaciones. Además, en China ya ha estallado la burbuja financiero-inmobiliaria y se espera una mayor desaceleración, extremo que se intenta evitar rescatando a las entidades en riesgo de quiebra y reduciendo los requerimientos de reserva bancaria. Muchas empresas europeas en China ya dan por terminada la «Edad dorada», al tiempo que la morosidad aumenta y la crisis comienza a desarrollarse. Hace unos meses, el Deutsche Bank declaraba que los inversores habían convertido a China en «un monstruo de la deuda» que podría generar inestabilidades globales si no conseguía sostener su sistema financiero. Los datos de la deuda china (y no solo la china) son alarmantes.

Por su parte, los bancos europeos siguen necesitando ayuda, como muestra el Deutsche Bank y su tremenda exposición al mercado de derivados. Esto lo convierte en un zombi disfrazado de vivo que quedará desnudo tan pronto la burbuja de derivados estalle. En todo caso, abiertamente sigue necesitando capital y la monarquía qatarí ha aprovechado el momento acudiendo a su rescate. Así mismo, los bancos españoles continúan recapitalizándose mediante la emisión de acciones como retribución de dividendo (scrip dividend).

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Fuente: Zero Hedge.

En cuanto a la economía real de EEUU y Europa, cada vez hay menos empresas que superan las previsiones de resultados. «La semana pasada, los resultados fueron golpeados por un gran número de nombres de baja capitalización. Si el ritmo se mantiene hasta el jueves, esta sería la lectura más débil que hemos visto durante la temporada de resultados desde que comenzó el mercado alcista a principios de 2009» (Bespoke).

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Fuente: Thomson Reuters.

Además, «la caída del diferencial entre el crecimiento de los beneficios en Estados Unidos y los ingresos es totalmente insostenible».

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Fuente: Thomson Reuters.

Por si esto fuera poco, las empresas estadounidenses parecen no estar reinvirtiendo en procesos productivos, sino recomprando acciones.

Toda esta situación se refleja también en el estancamiento del comercio mundial, augurando una nueva recesión que, independientemente de en qué núcleo geoeconómico se origine, probablemente se contagiará al resto. Las señales de que la economía mundial está tocando techo se suceden sin cesar desde hace un año.

Por lo pronto, numerosos economistas –tanto de la corriente principal como de paradigmas no hegemónicos– han venido vaticinando desde hace varios meses la proximidad del estallido de la burbuja bursátil y de una nueva recesión. Las causas ya han sido enumeradas: estímulo ficticio de la economía a través de inyecciones de liquidez que han generado dicha burbuja, una banca que sigue ocultando su quiebra técnica y su enorme riesgo moral, una deuda global que puede llevar a la inestabilidad en el sistema financiero en cualquier momento, el estallido de la burbuja china y la desaceleración de los países emergentes, las asimetrías internas de la UE, la inaudita desigualdad y el reducido consumo… Así, famosos analistas como William White, Jim Rogers, Marc Faber, Larry Elliott (1, 2), Bob Ivry, Jeremy Grantham, Matthew Lynn, Paul Craig Roberts, Ha-Joon Chang, como también otros analistas independientes (1, 2, 3, 4) e importantes instituciones como el BCE y el BIP ya han anunciado la tormenta que se cierne sobre las bolsas. Si cada 5-7 años hay una crisis en los mercados financieros, nos encontramos al borde del abismo.

Hasta aquí hemos visto someramente los fundamentales macroeconómicos, pero si atendemos también al análisis técnico, el pronóstico queda respaldado. Por ejemplo, en el NASDAQ podemos ver que, después de traspasar el canal alcista, se está creando un patrón hombro-cabeza-hombro que podría marcar el estallido de la burbuja de la Internet 2.0 (redes sociales, buscadores, interactividad, etc.). De confirmarse, a finales de año podría encontrarse en la zona de los 3200. Habida cuenta de la situación macroeconómica, esto arrastraría al resto de índices en la misma dirección.

NASDAQ

NASDAQ. Fuente: ProRealTime, elaboración propia.

Por otro lado, el SP500 traspasó igualmente el canal alcista y podría reproducir el patrón que se dio en el estallido de la última burbuja. Es poco probable que supere los 2000 en la situación macroeconómica en la que nos encontramos, y menos aún si tenemos en cuenta el resto de patrones. A finales de año podría encontrarse en torno a los 1500.

SP500

SP500. Fuente: ProRealTime, elaboración propia.

En cuanto al Dow Jones 30 Industrial, observamos que supera la tendencia de muy largo plazo y se aproxima a los 17000. Por su parte, el Dow Jones Composite se acerca al margen superior de la tendencia, que tendría como techo los 6000. Igualmente, en el IBEX35 encontramos una situación similar y su techo serían los 11000.

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DJ30 Industrial. Fuente: ProRealTime, elaboración propia.

DJ Composite avg

DJ Composite. Fuente: ProRealTime, elaboración propia.

IBEX35

IBEX35. Fuente: ProRealTime, elaboración propia.

Pero esto no es todo. Hay una indicador que debemos tener muy en cuenta, pues acaba de dar una señal muy fuerte de giro bajista drástico y, probablemente, inminente: el NYSE Margin Debt. Como apunta Doug Short, este indicador anticipa las grandes caídas con 3-4 meses de antelación. Así pues, según la señal, el crash podría darse en cualquier momento de este verano; probablemente ya en este mismo mes de junio.

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Fuente: dshort.com.

Más aún, comienza a salir dinero de las bolsas europeas y americanas.

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Fuente: Bank of America Merrill Lynch.

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Fuente: perpe.es.

Y es probable que parte de este dinero se esté dirigiendo al Bitcoin, pues ofrece grandes expectativas de ganancia, sobre todo si se gesta una nueva burbuja.

Bitcoin

Fuente: bitcoincharts.com.

En conclusión, la probabilidad de que se produzca un crash bursátil en lo que queda de año es alta. De hecho, si tomamos en especial consideración ciertos indicadores, podemos esperar un crash inminente, incluso durante este mismo mes.

Si se produce dicha caída brusca en los mercados, sería indicativo de una probable nueva recesión en países clave de la economía mundial hacia finales de año o comienzos de 2015.


La deuda

febrero 25, 2014

Sísifo, Tiziano, 1548[…] Las deudas son, básicamente, promesas de una futura productividad. Mírelo de esta manera. Imagínese que todo el mundo en el planeta produce bienes por un billón de dólares al año. E imagínese que consumen más o menos lo mismo, que es por supuesto lo que pasa en realidad, consumimos la mayor parte de lo que producimos menos una pequeña parte de residuos. Sin embargo un 1% se las apañan de alguna manera para convencer al 99% de que les siguen debiendo, colectivamente, un billón dólares. Bien, aparte del hecho de que algunas personas están claramente pagando mucho más, es evidente que no hay forma de que se puedan devolver esas deudas en su nivel actual a menos que todos produzcan aún más el año siguiente. De hecho, si el interés de los pagos se establece, digamos, al 5% anual, tendrían que producir un 5% más tan solo para pagar la deuda.

Esta es la verdadera carga de deuda que le estamos pasando a las futuras generaciones: la carga de tener que trabajar todavía más duro al tiempo que consumimos más energía, deteriorando los ecosistemas de la Tierra, y acelerando en última instancia el catastrófico cambio climático justo en un momento en el que necesitamos a toda costa invertirlo. Visto desde esta perspectiva la anulación de la deuda puede que sea la última oportunidad de salvar el planeta. El problema es que a los conservadores les da igual y los liberales siguen atrapados por sueños imposibles de regresar a las políticas económicas keynesianas de mediados de los ’50 y de los ’60, que fundamentaban la prosperidad generalizada en una expansión económica continua. Vamos a tener que encontrar un tipo de política económica completamente distinta.

Pero si la sociedad posterior a la condonación no puede prometer a los trabajadores del mundo una expansión infinita de nuevos bienes de consumo, ¿qué puede ofrecer? Creo que la respuesta es evidente. Podría asegurar las necesidades básicas: garantizar comida, vivienda y sanidad que permita asegurar a nuestros hijos que no tendrán que enfrentarse al miedo, la vergüenza, la ansiedad que marca la mayor parte de nuestras vidas hoy en día. Y sobre todo puede ofrecerles menos trabajo. Recuerden que en 1870 la idea de una jornada laboral de ocho horas parecía tan irreal y utópica como podría parecer ahora, digamos, la jornada laboral de cuatro horas. Sin embargo el movimiento obrero la alcanzó. Así que ¿por qué no exigir una jornada de cuatro horas diarias? ¿O un periodo garantizado de cuatro meses al año de vacaciones pagadas? Es evidente que los estadounidenses, los que tienen trabajo, trabajan en exceso de una forma ridícula. También es evidente que una enorme proporción de ese trabajo es absolutamente innecesario. Y cada hora ahorrada del trabajo es una hora que podemos dedicarles a nuestros amigos, familiares y comunidad. […]

David Graeber, “Después de la condonación“, Periódico Diagonal, 28-03-2013.


La falsa naturalidad del liberalismo económico

julio 18, 2013

Portada del libro Leviatán, de Thomas Hobbes

La vía del librecambio ha sido abierta, y mantenida abierta, a través de un enorme despliegue de continuos intervencionismos, organizados y dirigidos desde el centro.

Hacer que la «libertad simple y natural» de Adam Smith sea compatible con las necesidades de la sociedad humana es un asunto muy complicado. La complejidad de los artículos de innumerables leyes sobre las enclosures lo pone de manifiesto, al igual que la extensión del control burocrático exigida por la administración de las nuevas leyes de pobres, que, a partir del reinado de Isabel, han sido efectivamente supervisadas por la autoridad central; y también el crecimiento de la administración gubernamental, inseparable a su vez de la meritoria tarea de poner en marcha una reforma municipal. Y, sin embargo, todas esas ciudadelas de la injerencia gubernamental se erigieron con la intención de regular la liberalización de la tierra, el trabajo y la administración municipal. Del mismo modo que la invención de máquinas que economizarían trabajo no ha hecho disminuir, al contrario de lo que se esperaba de ellas, sino que ha hecho aumentar la utilización del trabajo del hombre, la introducción de mercados libres, lejos de suprimir normativas, regulaciones e intervenciones, ha potenciado enormemente su alcance. Los administradores tuvieron que estar muy en guardia para asegurar el libre funcionamiento del sistema. Fue así como, incluso aquellos que deseaban ardientemente liberar al Estado de funciones inútiles y cuya filosofía exigía la restricción de sus actividades, se vieron obligados a otorgarle poderes, órganos y nuevos instrumentos, necesarios para la institucionalización del laissez-faire.

Esta paradoja se ve superada por otra. Mientras que la economía del librecambio constituía un producto de la acción deliberada del Estado, las restricciones posteriores surgieron de un modo espontáneo. El laissez-faire fue planificado, pero no lo fue la planificación. Hemos mostrado ya la verdad de la primera parte de esta aserción. Si alguna vez ha existido una utilización consciente del poder ejecutivo al servicio de una política deliberada dirigida por el gobierno, fue la emprendida por los discípulos de Bentham en el heroico período del laissez-faire. Por lo que se refiere a la segunda parte de la aserción, Dicey, ese eminente liberal, fue el primero que suscitó la cuestión: se impuso a sí mismo el trabajo de investigar los orígenes de la tendencia «anti-laissez-faire» o, como él la denominaba, la tendencia «colectivista»; indagó en la opinión pública inglesa esa inclinación, cuya existencia era evidente desde finales de los años 1860. Su sorpresa fue que no pudo encontrar rastros de la misma salvo en los propios actos legislativos. Dicho de forma más precisa, no se puede encontrar el menor testimonio de una «tendencia colectivista» en la opinión pública con anterioridad a las leyes aprobadas en esa línea. […] La punta de lanza legislativa del movimiento de reacción contra un mercado autorregulador, tal como se estaba desarrollando en los cincuenta años posteriores a 1860, muy espontánea en este caso, no ha estado dirigida por la opinión sino que ha sido inspirada por un espíritu puramente pragmático.

Karl Polanyi, La gran transformación, 1944.

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Crítica demoledora del liberalismo


La propiedad como artificio ilegítimo

mayo 27, 2013

Propiedad privada.

Somos ricos en las sociedades civilizadas. ¿Por qué hay, pues, esa miseria en torno a nosotros? ¿Por qué ese trabajo penoso y embrutecedor de las masas? ¿Por qué esa inseguridad del mañana (hasta para el trabajador mejor retribuido) en medio de las riquezas heredadas del ayer y a pesar de los poderosos medios de producción que darían a todos el bienestar a cambio de algunas horas de trabajo cotidiano?

Los socialistas lo han dicho y repetido hasta la saciedad. Porque todo lo necesario para la producción ha sido acaparado por algunos en el transcurso de esta larga historia de saqueos, guerras, ignorancia y opresión en que ha vivido la humanidad antes de aprender a domar las fuerzas de la naturaleza. Porque, amparándose en pretendidos derechos adquiridos en el pasado, hoy se apropian dos tercios del producto del trabajo humano, dilapidándolos del modo más insensato y escandaloso. Porque reduciendo a las masas al punto de no tener con qué vivir un mes o una semana, no permiten al hombre trabajar sino consintiendo en dejarse quitar la parte del león. Porque le impiden producir lo que necesita y le fuerzan a producir, no lo necesario para los demás, sino lo que más grandes beneficios promete al acaparador. […]

Cada hectárea de suelo que labramos en Europa ha sido regada con el sudor de muchas razas; cada camino tiene una historia de servidumbre personal, de trabajo sobrehumano, de sufrimientos del pueblo. Cada legua de vía férrea, cada metro de túnel, han recibido su porción de sangre humana. […]

Millones de seres humanos han trabajado para crear esta civilización de la que hoy nos gloriamos. Otros millones, diseminados por todos los ámbitos del globo, trabajan para sostenerla. Sin ellos, no quedarían más que sus escombros dentro de cincuenta años.

Hasta el pensamiento, hasta la invención, son hechos colectivos, producto del pasado y del presente. Millares de inventores han preparado el invento de cada una de esas máquinas, en las cuales admira el hombre su genio. Miles de escritores, poetas y sabios han trabajado para elaborar el saber, extinguir el error y crear esa atmósfera de pensamiento científico, sin la cual no hubiera podido aparecer ninguna de las maravillas de nuestro siglo. Pero esos millares de filósofos, poetas, sabios e inventores, ¿no habían sido también inspirados por la labor de los siglos anteriores? ¿No fueron durante su vida alimentados y sostenidos, así en lo físico como en lo moral por legiones de trabajadores y artesanos de todas clases? ¿No adquirieron su fuerza impulsiva en lo que les rodeaba? […]

Cada máquina tiene la misma historia: larga historia de noches en blanco y de miseria; de desilusiones y de alegrías, de mejoras parciales halladas por varias generaciones de obreros desconocidos que venían a añadir al primitivo invento esas pequeñas nonadas sin las cuales permanecería estéril la idea más fecunda. Aún más: cada nueva invención es una síntesis resultante de mil inventos anteriores en el inmenso campo de la mecánica y de la industria.

Ciencia e industria, saber y aplicación, descubrimiento y realización práctica que conduce a nuevas invenciones, trabajo cerebral y trabajo manual, idea y labor de los brazos, todo se enlaza. Cada descubrimiento, cada progreso, cada aumento de la riqueza de la humanidad, tiene su origen en el conjunto del trabajo manual y cerebral, pasado y presente. Entonces, ¿qué derecho asiste a nadie para apropiarse la menor partícula de ese inmenso todo y decir: Esto es mío y no vuestro?

Piotr Kropotkin, La conquista del pan, 1892.


La solución a la crisis de la Eurozona

mayo 15, 2013

Sede del BCELa actual crisis de la Eurozona se debe a un mal diseño de sus instituciones económicas, que acaban favoreciendo la desunión nacional frente a los mercados financieros. Aunque los estados miembros comparten moneda, sus bonos cotizan por separado, los bancos compiten entre sí aprovechando sus diversas coyunturas y legislaciones nacionales, los estatutos del Banco Central Europeo (BCE) ponen demasiado énfasis y son demasiado rígidos respecto a la inflación, etc. Realmente, podemos distinguir dos crisis en la Eurozona: una crisis superficial, en la que estamos sumidos, relativa a la solvencia de los estados miembros; y una crisis estructural, que subyace a la anterior y es la que he comentario anteriormente.

Ambas crisis se deben a la ausencia de una verdadera unidad económica en la Eurozona: ni en lo fiscal, ni en lo bancario, ni en los intereses de los estados miembros. Este último es precisamente el principal escollo con el que se encuentra un diseño ideológicamente europeísta e imparcial de la Eurozona, puesto que los distintos estados miembros lidian por primar sus propios intereses sobre el resto según una lógica más cercana a la weltpolitik que a la realpolitik. Todos los estados buscan expandir su cuota de participación en el mercado internacional, tal y como les impone la lógica más perentoria y sustantiva del capitalismo globalizado al que decidieron someterse; y dado que son competidores entre sí, no pueden negarse a confeccionar unas reglas del juego favorables a sus intereses. El capital impera sobre la política, y esta pasa a ser tan solo un instrumento más de su dinámica de acumulación. Así pues, el problema de fondo de ambas crisis es de orden socioeconómico.

La crisis estructural solo podrá solucionarse en la medida en que los compromisos alcanzados respecto a una mayor unión económica no generen nuevamente tensiones estructurales en el futuro. Está por ver, pues, si a largo plazo los acuerdos que ya se han alcanzado resultan ser adecuados o priorizan nuevamente los intereses particulares de los estados y sus empresas. Por su parte, la solución a la crisis superficial será el asunto que abordaré en lo que resta de artículo.

La crisis en la que estamos sumidos, que he calificado como superficial, tiene como foco la solvencia de los estados, esto es, su capacidad para afrontar la deuda pública con la que financian los déficits de sus cuentas generales. Esta deuda pública, sin embargo, no había resultado demasiado importante antes del estallido de la burbuja financiero-inmobiliaria en 2008. Es más, en países como España había descendido enormemente y, por si fuera poco, llegó a alcanzarse un superávit de las cuentas públicas en 2005-2007. Sin embargo, desde entonces la deuda pública comenzó a aumentar considerablemente, debido al rescate de bancos y grandes empresas, a la reducción de ingresos tributarios fruto del estallido de la burbuja, al aumento del gasto en prestaciones debido al creciente desempleo y al aumento del gasto dedicado a planes de estímulo como el Plan-E.

Bolsa de Filipinas, por Katrina Tuliao.El consecuente aumento brusco de esta deuda comportó déficits en las cuentas de los estados, por lo que su financiación pasó a ser cada vez más cara, debido a que los títulos de deuda que estos emiten (en forma de letras, bonos, etc.) cotizan en mercados que, comprensiblemente, tienen en cuenta la capacidad de pago de sus emisores. Esto supuso, de hecho, un aumento del interés que debían pagar a los compradores y la reducción de su calificación de solvencia. Y dado que los diferentes estados de la Eurozona emiten sus bonos por separado, dicho mercado de deuda fue de gran atractivo para los especuladores internacionales, que prácticamente eran los mismos agentes que habían sido rescatados directa o indirectamente tras el Crash de 2008. En estas circunstancias, los mensajes mediáticos de alarma —en ocasiones interesados— por el riesgo de quiebra de los estados cuya deuda aumentaba, no hacían otra cosa que avivar el fuego y, por lo tanto, las probabilidades de que este se convirtiera en el mismo incendio que pronosticaban. Así pues, la prima de riesgo de estados como Grecia, Irlanda, Portugal y España comenzó a dispararse al mismo ritmo que la incertidumbre, el miedo y la pura especulación crematística se adueñaban de los inversores y los medios de comunicación. Estas diferencias de capacidad de endeudamiento y de estructura de las distintas economías puso en tensión la totalidad de la Eurozona e incluso sembró dudas sobre su futuro.

Pero… ¿por qué no ocurrió lo mismo en EEUU o en Japón, cuando ambos países también sufrieron el descalabro de 2008? La respuesta se encuentra en que, por un lado, cada uno de ellos es una unidad de intereses, al ser a todos los efectos una sola nación; y, por otro lado, a la completa disposición de sus bancos centrales para paliar la situación inyectando dinero y bajando los tipos de interés. Esto no ocurrió con determinación en Europa, debido a que no se dieron ninguna de estas circunstancias. La diversidad de intereses en la Eurozona llevó al BCE a la inmovilidad, la indecisión, la lentitud y finalmente la tibieza en lo que respecta a la aplicación de medidas anticíclicas. Los estados cuya deuda sufría mayores primas de riesgo necesitaban que el BCE comprara sus bonos nacionales directamente para así evitar concurrir al mercado y tener que pagar intereses excesivos, lo que agravaba continuamente su situación. En cambio, Alemania y otros estados, cuyo interés era evitar el aumento del nivel de precios y la comunalización de los riesgos, se negaban a que el BCE emprendiera esta política, arguyendo que sus estatutos le encomendaban mantener la estabilidad monetaria y combatir la inflación. También se negaron a la creación de eurobonos e incluso a que el BCE rescatara directamente a la banca privada en problemas, como verdadero prestamista de última instancia.

Así las cosas, el problema se ha enquistado y se mantiene aún hoy en estado latente, contenido tan solo por las operaciones de mercado abierto que el BCE realiza ocasionalmente y su programa LTRO. Como explico en el artículo «Merkel no es una moralista, sino un halcón capitalista» (noviembre de 2012), en este juego en el que el BCE es la pieza maestra, todos quieren usarlo en su propio beneficio, pero Alemania es quien tiene mayor poder sobre él, al gozar de primacía en Europa tanto en la dimensión económico-política como en, lo que no es menos importante, la composición políticoburocrática de aquel organismo. Por otro lado, la política de austeridad no lleva más que al aprovechamiento carroñero, por parte de los bancos de raigambre alemana y francesa, de la agónica situación creada, sobre la cual han eludido su responsabilidad de acreedores de entidades en quiebra (tales como Bankia).

Bajo una perspectiva acorde con el proyecto de la Unión Europea, el BCE no debería responder a intereses parciales nacionales, sino a la Eurozona como un todo. Su apuesta por la recuperación, según la conveniencia macroeconómica capitalista, debería ser rápida y decidida como ocurre en EEUU y en Japón. Como hemos mostrado, el principal obstáculo es la política alemana, y para vencerlo basta con incidir en aquello que la mueve. Hay que conseguir que su economía sienta de forma clara que su política anti-europeísta es desastrosa para ella. Esto es algo a lo que aún no se ha atrevido ninguno de los estados subyugados por la sangría de la austeridad, tal vez porque sus dirigentes no son buenos estadistas ni tienen la suficiente valentía. Una posible solución consiste en promover públicamente, y por parte de las mayores figuras del estado español, el consumo de la producción y la tecnología nacionales. No se trata de un boicot, sino de una priorización, de forma que la industria que exporte a España, como la alemana, se resienta solo en la medida en que sus productos sean sustituibles por alternativas nacionales. Naturalmente, la política de austeridad ya tiene como consecuencia indefectible una disminución del consumo y la inversión españolas, por lo que Alemania ya se resiente por ello. Sin embargo, el efecto parece que aún no ha movilizado suficientemente la conciencia de la elite políticoempresarial alemana. Es por ello que debe agravarse, pues así se darán cuenta de una vez por todas que el BCE debe actuar sobre la Eurozona como una unidad, y que la banca alemana y francesa fue tan irresponsable como la española cuando concedió créditos masivos sin evaluar sus riesgos.

Juan C. Valls

Puedes citar este artículo como:

Valls, J. C. “La solución a la crisis de la Eurozona”, La prisión mental. URL: https://laprisionmental.wordpress.com/2013/05/15/la-solucion-a-la-crisis-de-la-eurozona/.


El materialismo histórico de Marx

mayo 12, 2013

Friedrich Engels (izquierda) y Karl Marx (derecha).El primer trabajo emprendido para resolver las dudas que me azotaban fue una revisión crítica de la filosofía hegeliana del derecho […] Mi investigación me llevó a la conclusión de que, tanto las relaciones jurídicas como las formas de Estado no pueden comprenderse por sí mismas ni por la llamada evolución general del espíritu humano [la cultura], sino que, por el contrario, radican en las condiciones materiales de vida cuyo conjunto resume Hegel siguiendo el precedente de los ingleses y franceses del siglo XVIII, bajo el nombre de «sociedad civil», y que la anatomía de la sociedad civil hay que buscarla en la economía política […]

En el desarrollo de la producción social, los hombres entran en relaciones definidas que son indispensables e independientes de su voluntad; esas relaciones de producción corresponden a un estado definido de desarrollo de sus fuerzas materiales de producción. La suma total de esas relaciones de producción constituye la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la que se elevan las superestructuras legal y política y a la que corresponden formas definidas de conciencia social. El modo de producción en la vida material determina el carácter general de los procesos sociales, políticos y espirituales. No es la conciencia de los hombres la que determina su existencia social, sino al contrario, su existencia social determina su conciencia […]

En una determinada etapa de su desarrollo, las fuerzas productivas materiales de una sociedad entran en conflicto con las relaciones de producción existentes o –lo que no es más que una expresión legal de la misma cosa– con las relaciones de propiedad dentro de las cuales han estado trabajando hasta el momento. De ser formas de desarrollo de las fuerzas productivas, estas relaciones se transforman en sus propias trabas.

Karl Marx, Prólogo, Crítica de la economía política (1859).

Los hombres son los productores de sus representaciones, de sus ideas, etc., pero los hombres son reales y actuantes, tal y como se hallan condicionados por un determinado desarrollo de sus fuerzas productivas y por el intercambio que a él corresponde, hasta llegar a sus formaciones más amplias. La conciencia no puede ser nunca otra cosa que el ser consciente, y el ser de los hombres es su proceso de vida real. Y si en toda la ideología los hombres y sus relaciones aparecen invertidos como en la cámara oscura, este fenómeno responde a su proceso histórico de vida, como la inversión de los objetos al proyectarse sobre la retina responde a su proceso de vida directamente físico.

Totalmente al contrario de lo que ocurre en la filosofía alemana, que desciende del cielo sobre la tierra, aquí se asciende de la tierra al cielo. Es decir, no se parte de lo que los hombres dicen, se representan o se imaginan, ni tampoco del hombre predicado, pensado, representado o imaginado, para llegar, arrancando de aquí, al hombre de carne y hueso; se parte del hombre que realmente actúa y, arrancando de su proceso de vida real, se expone también el desarrollo de los reflejos ideológicos y de los ecos de este proceso de vida.

También las formaciones nebulosas que se condensan en el cerebro de los hombres son sublimaciones necesarias de su proceso material de vida, proceso empíricamente registrable y sujeto a condiciones materiales. La moral, la religión, la metafísica y cualquier otra ideología y las formas de conciencia que a ellas corresponden pierden, así, la apariencia de su propia sustantividad. No tienen su propia historia ni su propio desarrollo, sino que los hombres que desarrollan su producción material y su intercambio material cambian también, al cambiar esta realidad, su pensamiento y los productos de su pensamiento. No es la conciencia la que determina la vida, sino la vida la que determina la conciencia. Desde el primer punto de vista, se parte de la conciencia como del individuo viviente; desde el segundo punto de vista, que es el que corresponde a la vida real, se parte del mismo individuo real viviente y se considera la conciencia solamente como su conciencia […]

Las ideas de la clase dominante son las ideas dominantes en cada época; o, dicho en otros términos, la clase que ejerce el poder material dominante en la sociedad es, al mismo tiempo, su poder espiritual [léase cultural] dominante. La clase que tiene a su disposición los medios para la producción material dispone con ello, al mismo tiempo, de los medios para la producción espiritual, lo que hace que se le sometan, al propio tiempo, por término medio, las ideas de quienes carecen de los medios necesarios para producir espiritualmente. Las ideas dominantes no son otra cosa que la expresión ideal de las relaciones materiales dominantes, las mismas relaciones materiales dominantes concebidas como ideas; por tanto, las relaciones que hacen de una determinada clase la clase dominante, o sea, las ideas de su dominación. Los individuos que forman la clase dominante tienen también, entre otras cosas, la conciencia de ello y piensan a tono con ello; por eso, en cuanto dominan como clase y en cuanto determinan todo el ámbito de una época histórica, se comprende de suyo que lo hagan en toda su extensión, y, por tanto, entre otras cosas, también como pensadores, como productores de ideas, que regulan la producción y distribución de las ideas de su tiempo; y que sus ideas sean; por ello mismo, las ideas dominantes de la época. Por ejemplo, en una época y en un país en que se disputan el poder la corona, la aristocracia y la burguesía, en que, por tanto, se halla dividida la dominación, se impone como idea dominante la doctrina de la división de poderes, proclamada ahora como «ley eterna».

Karl Marx y Friedrich Engels, La ideología alemana (1845).


¿Quién paga el estado del bienestar?

mayo 8, 2013

Parque Josaphat-Anes (Bruselas). Foto de Schaerbeek; Wikicommons.Uno de los rasgos característicos del estado del bienestar es el reconocimiento de derechos sociales y la concesión de servicios públicos con el objetivo de mejorar el nivel de vida de toda la población. De estos servicios, los que forman su baluarte son la sanidad, la educación, las pensiones y las prestaciones por desempleo, pero también se incluyen entre ellos el transporte, los centros culturales y de ocio, etc. En cuanto a su política económica, de corte keynesiano, se caracteriza por priorizar antes que cualquier otra cosa la creación de empleo, con el objetivo de alcanzar así la menor tasa de desempleo posible. La idea que subyace a este modelo de estado es que no hay bienestar sin empleo ni un mínimo de seguridad respecto al futuro. Su pretensión es ser un compromiso entre los capitalistas (las empresas) y los trabajadores, de modo que parte de los beneficios empresariales reviertan también en la sociedad en su conjunto.

La edad dorada del estado del bienestar occidental abarcó aproximadamente desde 1945 hasta 1970, período de postguerra en el que prevaleció la política económica keynesiana. Sin embargo, en la década de los 70, la conjunción de estancamiento e inflación llevó a un aprieto a la teoría keynesiana, pues esta no disponía de una receta clara para afrontar dicho escenario. El capitalismo se encontraba en una profunda crisis de su modelo de acumulación. Fue a partir de entonces, y especialmente durante los 80, cuando las voces críticas con el estado del bienestar se hicieron fuertes y lograron la adhesión de los gobiernos. O los gobiernos se adhirieron a ellas, en busca de alternativas y justificaciones.

Los críticos del estado del bienestar aducían que el estancamiento y la inflación eran la consecuencia directa de su misma esencia, pues según ellos: 1) el gasto en servicios sociales produce un déficit dedicado a estimular el consumo, lo que disminuye el ahorro de las familias y, a largo plazo, el crecimiento y el empleo; y 2) perpetúa el mismo desempleo que crea, debido a que las prestaciones sociales reducen el incentivo de trabajar y la flexibilidad en salarios de la contratación. Por ello, los críticos promueven de una forma u otra un retorno al liberalismo del siglo XIX, cuya nueva versión ha recibido el nombre de neoliberalismo. Este aboga por reducir el estado todo lo posible, en especial en todo aquello que caracteriza al estado del bienestar: regulaciones laborales, prestaciones, sanidad, educación, etc. Su credo es que el mercado, liberado de intervenciones estatales, se autorregula armoniosamente y produce pleno empleo y crecimiento. Para ellos el estado del bienestar realiza una redistribución neta a favor de los trabajadores a costa del beneficio de las empresas, y es fundamentalmente eso lo que en su opinión sería pernicioso. El parecido con lo que escuchamos actualmente en los medios de comunicación en boca de políticos de derecha, economistas y grandes empresarios no es una coincidencia.

Sin embargo, ambas críticas son infundadas, tal y como apunta con una claridad meridiana el economista Anwar Shaikh en su estudio «Who pays for ‘welfare’ in welfare state? A multicountry study» (Social Research, 2003). En primer lugar, Shaikh señala que muchos estudios microeconómicos y macroeconómicos realizados hasta la fecha indican todo lo contrario. El vínculo que hay entre beneficios, regulaciones del mercado de trabajo y desempleo parece ser muy débil. Por si fuera poco, no se han encontrado evidencias empíricas de que la política laboral de los estados del bienestar europeos fuera un factor clave en las crisis de empleo que sufrieron en los 1980 y 1990.

En segundo lugar, Shaikh presenta su propio estudio al respecto, basado en datos oficiales de la OCDE, y no deja lugar a dudas. Los servicios sociales del estado del bienestar no son fruto de una redistribución neta del capital al trabajo, sino que son casi por completo autofinanciados por los mismos trabajadores a través de sus impuestos. La redistribución solo se produce entre los trabajadores mismos, especialmente entre los extremos de asalariados pobres y asalariados ricos. Esto supone una evidencia en contra de la tesis que consideraba estos servicios los causantes del déficit, el desempleo y el estancamiento del crecimiento del PIB. Así mismo, echa por tierra las justificaciones que esgrimen los gobiernos para recortar los gastos sociales y favorecer el trasvase de rentas hacia el capital. Y todo esto sin tener en cuenta que toda la riqueza procede del trabajo.

Juan C. Valls

Puedes citar este artículo como:

Valls, J. C. “¿Quién paga el estado del bienestar?”, La prisión mental, URL: https://laprisionmental.wordpress.com/2013/05/08/quien-paga-el-estado-del-bienestar/.


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