Próximo crash en las bolsas mundiales

junio 4, 2014

Juan C. Valls

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Fuente: Nomura Research Institute.

Las medidas de expansión monetaria llevadas a cabo por los bancos centrales con el objetivo de paliar la crisis financiera desatada en 2008 se han mostrado completamente ineficaces. El inmenso rescate a la banca privada realizado mediante inyecciones de liquidez y compra de activos tóxicos no se ha transformado en suficiente crédito para las empresas de la economía real, sino que se ha utilizado para rellenar ficticiamente los agujeros de los balances y comprar acciones. La banca privada y los fondos de inversión han multiplicado y recanalizado buena parte de dicho dinero fiat hacia los mercados financieros, es decir, lo han mantenido en última instancia bajo su control impidiendo que escapara de su esfera de acumulación. Sin embargo, esto no responde tan solo a su interés individual, en tanto que agentes, en mantener su cuota de poder en la red del mercado global, sino también a las dudas sobre el futuro crecimiento de la economía real y a la mayor rentabilidad potencial que ofrecen los mercados financieros, donde el riesgo permite una especulación de cuantiosas y rápidas ganancias… o pérdidas.

Desde 2009, las principales bolsas occidentales han mantenido una tendencia alcista que no se corresponde con el estado de la economía real. Los precios de las acciones aumentan incesantemente y no dejan de batir máximos históricos, incluyendo los de pasadas burbujas. Pero el elevado desempleo, la creciente desigualdad y, en definitiva, la escasa capacidad de compra de las masas de asalariados no pueden dar lugar a beneficios empresariales crecientes en la economía real, ni siquiera en el sector tecnológico de Internet, cuyos importantes ingresos por publicidad no dependen directamente de las rentas del trabajo. En el sur de Europa, además, las políticas de austeridad han asfixiado a los ciudadanos y estos ya no pueden consumir ni aun supliendo con deuda su escaso salario, pues apenas se conceden préstamos. De hecho, la economía europea es un polvorín. No solo se prolongará el estancamiento hasta la próxima década, sino que a esto se unirá también un esperable colapso fiscal, que abarcará a todos los estados alineados en el bloque estadounidense.

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Fuente: Cyniconomics.

Tarde o temprano, la realidad tenía que imponerse cerrando el círculo entre las expectativas infundadas y el futuro que se materializa tercamente en un presente inexorable. Tras cinco años de crisis, ya resuenan las trompetas del apocalipsis en los mercados financieros. Las compañías financieras pronto despertarán de su alucinación paradisíaca producto de la droga monetaria. Su drogodependencia es tan fuerte que ya no pueden tolerar una reducción de la droga (como se pretende hacer poco a poco en EEUU), pues eso las obligaría a tomar conciencia de la realidad de la que intentan evadirse una y otra vez. Más aún, han recibido tantas dosis de liquidez que cada vez son menos sensibles a nuevas inyecciones (como se pretende en Europa). Por si fuera poco, su exposición a un mercado de derivados que ya supera un valor de diez veces el PIB mundial es altísima.

El PIB de Estados unidos se redujo un 1% en el primer trimestre de 2014, algo que ha sido una relativa sorpresa, pues se esperaba, a lo sumo, un descenso del 0,5%. El choque con la realidad ha comenzado y solo el tiempo dirá si se desarrollará a cámara rápida o a cámara lenta.

El proceso también está conectado con la desaceleración de los países emergentes, que comenzó en la segunda mitad de 2013 en India y Brasil y pronto, a comienzos de 2014, se hizo evidente en Argentina y Turquía cuando tuvieron que recurrir a fuertes devaluaciones. Además, en China ya ha estallado la burbuja financiero-inmobiliaria y se espera una mayor desaceleración, extremo que se intenta evitar rescatando a las entidades en riesgo de quiebra y reduciendo los requerimientos de reserva bancaria. Muchas empresas europeas en China ya dan por terminada la «Edad dorada», al tiempo que la morosidad aumenta y la crisis comienza a desarrollarse. Hace unos meses, el Deutsche Bank declaraba que los inversores habían convertido a China en «un monstruo de la deuda» que podría generar inestabilidades globales si no conseguía sostener su sistema financiero. Los datos de la deuda china (y no solo la china) son alarmantes.

Por su parte, los bancos europeos siguen necesitando ayuda, como muestra el Deutsche Bank y su tremenda exposición al mercado de derivados. Esto lo convierte en un zombi disfrazado de vivo que quedará desnudo tan pronto la burbuja de derivados estalle. En todo caso, abiertamente sigue necesitando capital y la monarquía qatarí ha aprovechado el momento acudiendo a su rescate. Así mismo, los bancos españoles continúan recapitalizándose mediante la emisión de acciones como retribución de dividendo (scrip dividend).

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Fuente: Zero Hedge.

En cuanto a la economía real de EEUU y Europa, cada vez hay menos empresas que superan las previsiones de resultados. «La semana pasada, los resultados fueron golpeados por un gran número de nombres de baja capitalización. Si el ritmo se mantiene hasta el jueves, esta sería la lectura más débil que hemos visto durante la temporada de resultados desde que comenzó el mercado alcista a principios de 2009» (Bespoke).

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Fuente: Thomson Reuters.

Además, «la caída del diferencial entre el crecimiento de los beneficios en Estados Unidos y los ingresos es totalmente insostenible».

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Fuente: Thomson Reuters.

Por si esto fuera poco, las empresas estadounidenses parecen no estar reinvirtiendo en procesos productivos, sino recomprando acciones.

Toda esta situación se refleja también en el estancamiento del comercio mundial, augurando una nueva recesión que, independientemente de en qué núcleo geoeconómico se origine, probablemente se contagiará al resto. Las señales de que la economía mundial está tocando techo se suceden sin cesar desde hace un año.

Por lo pronto, numerosos economistas –tanto de la corriente principal como de paradigmas no hegemónicos– han venido vaticinando desde hace varios meses la proximidad del estallido de la burbuja bursátil y de una nueva recesión. Las causas ya han sido enumeradas: estímulo ficticio de la economía a través de inyecciones de liquidez que han generado dicha burbuja, una banca que sigue ocultando su quiebra técnica y su enorme riesgo moral, una deuda global que puede llevar a la inestabilidad en el sistema financiero en cualquier momento, el estallido de la burbuja china y la desaceleración de los países emergentes, las asimetrías internas de la UE, la inaudita desigualdad y el reducido consumo… Así, famosos analistas como William White, Jim Rogers, Marc Faber, Larry Elliott (1, 2), Bob Ivry, Jeremy Grantham, Matthew Lynn, Paul Craig Roberts, Ha-Joon Chang, como también otros analistas independientes (1, 2, 3, 4) e importantes instituciones como el BCE y el BIP ya han anunciado la tormenta que se cierne sobre las bolsas. Si cada 5-7 años hay una crisis en los mercados financieros, nos encontramos al borde del abismo.

Hasta aquí hemos visto someramente los fundamentales macroeconómicos, pero si atendemos también al análisis técnico, el pronóstico queda respaldado. Por ejemplo, en el NASDAQ podemos ver que, después de traspasar el canal alcista, se está creando un patrón hombro-cabeza-hombro que podría marcar el estallido de la burbuja de la Internet 2.0 (redes sociales, buscadores, interactividad, etc.). De confirmarse, a finales de año podría encontrarse en la zona de los 3200. Habida cuenta de la situación macroeconómica, esto arrastraría al resto de índices en la misma dirección.

NASDAQ

NASDAQ. Fuente: ProRealTime, elaboración propia.

Por otro lado, el SP500 traspasó igualmente el canal alcista y podría reproducir el patrón que se dio en el estallido de la última burbuja. Es poco probable que supere los 2000 en la situación macroeconómica en la que nos encontramos, y menos aún si tenemos en cuenta el resto de patrones. A finales de año podría encontrarse en torno a los 1500.

SP500

SP500. Fuente: ProRealTime, elaboración propia.

En cuanto al Dow Jones 30 Industrial, observamos que supera la tendencia de muy largo plazo y se aproxima a los 17000. Por su parte, el Dow Jones Composite se acerca al margen superior de la tendencia, que tendría como techo los 6000. Igualmente, en el IBEX35 encontramos una situación similar y su techo serían los 11000.

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DJ30 Industrial. Fuente: ProRealTime, elaboración propia.

DJ Composite avg

DJ Composite. Fuente: ProRealTime, elaboración propia.

IBEX35

IBEX35. Fuente: ProRealTime, elaboración propia.

Pero esto no es todo. Hay una indicador que debemos tener muy en cuenta, pues acaba de dar una señal muy fuerte de giro bajista drástico y, probablemente, inminente: el NYSE Margin Debt. Como apunta Doug Short, este indicador anticipa las grandes caídas con 3-4 meses de antelación. Así pues, según la señal, el crash podría darse en cualquier momento de este verano; probablemente ya en este mismo mes de junio.

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Fuente: dshort.com.

Más aún, comienza a salir dinero de las bolsas europeas y americanas.

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Fuente: Bank of America Merrill Lynch.

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Fuente: perpe.es.

Y es probable que parte de este dinero se esté dirigiendo al Bitcoin, pues ofrece grandes expectativas de ganancia, sobre todo si se gesta una nueva burbuja.

Bitcoin

Fuente: bitcoincharts.com.

En conclusión, la probabilidad de que se produzca un crash bursátil en lo que queda de año es alta. De hecho, si tomamos en especial consideración ciertos indicadores, podemos esperar un crash inminente, incluso durante este mismo mes.

Si se produce dicha caída brusca en los mercados, sería indicativo de una probable nueva recesión en países clave de la economía mundial hacia finales de año o comienzos de 2015.


La deuda

febrero 25, 2014

Sísifo, Tiziano, 1548[…] Las deudas son, básicamente, promesas de una futura productividad. Mírelo de esta manera. Imagínese que todo el mundo en el planeta produce bienes por un billón de dólares al año. E imagínese que consumen más o menos lo mismo, que es por supuesto lo que pasa en realidad, consumimos la mayor parte de lo que producimos menos una pequeña parte de residuos. Sin embargo un 1% se las apañan de alguna manera para convencer al 99% de que les siguen debiendo, colectivamente, un billón dólares. Bien, aparte del hecho de que algunas personas están claramente pagando mucho más, es evidente que no hay forma de que se puedan devolver esas deudas en su nivel actual a menos que todos produzcan aún más el año siguiente. De hecho, si el interés de los pagos se establece, digamos, al 5% anual, tendrían que producir un 5% más tan solo para pagar la deuda.

Esta es la verdadera carga de deuda que le estamos pasando a las futuras generaciones: la carga de tener que trabajar todavía más duro al tiempo que consumimos más energía, deteriorando los ecosistemas de la Tierra, y acelerando en última instancia el catastrófico cambio climático justo en un momento en el que necesitamos a toda costa invertirlo. Visto desde esta perspectiva la anulación de la deuda puede que sea la última oportunidad de salvar el planeta. El problema es que a los conservadores les da igual y los liberales siguen atrapados por sueños imposibles de regresar a las políticas económicas keynesianas de mediados de los ’50 y de los ’60, que fundamentaban la prosperidad generalizada en una expansión económica continua. Vamos a tener que encontrar un tipo de política económica completamente distinta.

Pero si la sociedad posterior a la condonación no puede prometer a los trabajadores del mundo una expansión infinita de nuevos bienes de consumo, ¿qué puede ofrecer? Creo que la respuesta es evidente. Podría asegurar las necesidades básicas: garantizar comida, vivienda y sanidad que permita asegurar a nuestros hijos que no tendrán que enfrentarse al miedo, la vergüenza, la ansiedad que marca la mayor parte de nuestras vidas hoy en día. Y sobre todo puede ofrecerles menos trabajo. Recuerden que en 1870 la idea de una jornada laboral de ocho horas parecía tan irreal y utópica como podría parecer ahora, digamos, la jornada laboral de cuatro horas. Sin embargo el movimiento obrero la alcanzó. Así que ¿por qué no exigir una jornada de cuatro horas diarias? ¿O un periodo garantizado de cuatro meses al año de vacaciones pagadas? Es evidente que los estadounidenses, los que tienen trabajo, trabajan en exceso de una forma ridícula. También es evidente que una enorme proporción de ese trabajo es absolutamente innecesario. Y cada hora ahorrada del trabajo es una hora que podemos dedicarles a nuestros amigos, familiares y comunidad. […]

David Graeber, “Después de la condonación“, Periódico Diagonal, 28-03-2013.


La solución a la crisis de la Eurozona

mayo 15, 2013

Sede del BCELa actual crisis de la Eurozona se debe a un mal diseño de sus instituciones económicas, que acaban favoreciendo la desunión nacional frente a los mercados financieros. Aunque los estados miembros comparten moneda, sus bonos cotizan por separado, los bancos compiten entre sí aprovechando sus diversas coyunturas y legislaciones nacionales, los estatutos del Banco Central Europeo (BCE) ponen demasiado énfasis y son demasiado rígidos respecto a la inflación, etc. Realmente, podemos distinguir dos crisis en la Eurozona: una crisis superficial, en la que estamos sumidos, relativa a la solvencia de los estados miembros; y una crisis estructural, que subyace a la anterior y es la que he comentario anteriormente.

Ambas crisis se deben a la ausencia de una verdadera unidad económica en la Eurozona: ni en lo fiscal, ni en lo bancario, ni en los intereses de los estados miembros. Este último es precisamente el principal escollo con el que se encuentra un diseño ideológicamente europeísta e imparcial de la Eurozona, puesto que los distintos estados miembros lidian por primar sus propios intereses sobre el resto según una lógica más cercana a la weltpolitik que a la realpolitik. Todos los estados buscan expandir su cuota de participación en el mercado internacional, tal y como les impone la lógica más perentoria y sustantiva del capitalismo globalizado al que decidieron someterse; y dado que son competidores entre sí, no pueden negarse a confeccionar unas reglas del juego favorables a sus intereses. El capital impera sobre la política, y esta pasa a ser tan solo un instrumento más de su dinámica de acumulación. Así pues, el problema de fondo de ambas crisis es de orden socioeconómico.

La crisis estructural solo podrá solucionarse en la medida en que los compromisos alcanzados respecto a una mayor unión económica no generen nuevamente tensiones estructurales en el futuro. Está por ver, pues, si a largo plazo los acuerdos que ya se han alcanzado resultan ser adecuados o priorizan nuevamente los intereses particulares de los estados y sus empresas. Por su parte, la solución a la crisis superficial será el asunto que abordaré en lo que resta de artículo.

La crisis en la que estamos sumidos, que he calificado como superficial, tiene como foco la solvencia de los estados, esto es, su capacidad para afrontar la deuda pública con la que financian los déficits de sus cuentas generales. Esta deuda pública, sin embargo, no había resultado demasiado importante antes del estallido de la burbuja financiero-inmobiliaria en 2008. Es más, en países como España había descendido enormemente y, por si fuera poco, llegó a alcanzarse un superávit de las cuentas públicas en 2005-2007. Sin embargo, desde entonces la deuda pública comenzó a aumentar considerablemente, debido al rescate de bancos y grandes empresas, a la reducción de ingresos tributarios fruto del estallido de la burbuja, al aumento del gasto en prestaciones debido al creciente desempleo y al aumento del gasto dedicado a planes de estímulo como el Plan-E.

Bolsa de Filipinas, por Katrina Tuliao.El consecuente aumento brusco de esta deuda comportó déficits en las cuentas de los estados, por lo que su financiación pasó a ser cada vez más cara, debido a que los títulos de deuda que estos emiten (en forma de letras, bonos, etc.) cotizan en mercados que, comprensiblemente, tienen en cuenta la capacidad de pago de sus emisores. Esto supuso, de hecho, un aumento del interés que debían pagar a los compradores y la reducción de su calificación de solvencia. Y dado que los diferentes estados de la Eurozona emiten sus bonos por separado, dicho mercado de deuda fue de gran atractivo para los especuladores internacionales, que prácticamente eran los mismos agentes que habían sido rescatados directa o indirectamente tras el Crash de 2008. En estas circunstancias, los mensajes mediáticos de alarma —en ocasiones interesados— por el riesgo de quiebra de los estados cuya deuda aumentaba, no hacían otra cosa que avivar el fuego y, por lo tanto, las probabilidades de que este se convirtiera en el mismo incendio que pronosticaban. Así pues, la prima de riesgo de estados como Grecia, Irlanda, Portugal y España comenzó a dispararse al mismo ritmo que la incertidumbre, el miedo y la pura especulación crematística se adueñaban de los inversores y los medios de comunicación. Estas diferencias de capacidad de endeudamiento y de estructura de las distintas economías puso en tensión la totalidad de la Eurozona e incluso sembró dudas sobre su futuro.

Pero… ¿por qué no ocurrió lo mismo en EEUU o en Japón, cuando ambos países también sufrieron el descalabro de 2008? La respuesta se encuentra en que, por un lado, cada uno de ellos es una unidad de intereses, al ser a todos los efectos una sola nación; y, por otro lado, a la completa disposición de sus bancos centrales para paliar la situación inyectando dinero y bajando los tipos de interés. Esto no ocurrió con determinación en Europa, debido a que no se dieron ninguna de estas circunstancias. La diversidad de intereses en la Eurozona llevó al BCE a la inmovilidad, la indecisión, la lentitud y finalmente la tibieza en lo que respecta a la aplicación de medidas anticíclicas. Los estados cuya deuda sufría mayores primas de riesgo necesitaban que el BCE comprara sus bonos nacionales directamente para así evitar concurrir al mercado y tener que pagar intereses excesivos, lo que agravaba continuamente su situación. En cambio, Alemania y otros estados, cuyo interés era evitar el aumento del nivel de precios y la comunalización de los riesgos, se negaban a que el BCE emprendiera esta política, arguyendo que sus estatutos le encomendaban mantener la estabilidad monetaria y combatir la inflación. También se negaron a la creación de eurobonos e incluso a que el BCE rescatara directamente a la banca privada en problemas, como verdadero prestamista de última instancia.

Así las cosas, el problema se ha enquistado y se mantiene aún hoy en estado latente, contenido tan solo por las operaciones de mercado abierto que el BCE realiza ocasionalmente y su programa LTRO. Como explico en el artículo «Merkel no es una moralista, sino un halcón capitalista» (noviembre de 2012), en este juego en el que el BCE es la pieza maestra, todos quieren usarlo en su propio beneficio, pero Alemania es quien tiene mayor poder sobre él, al gozar de primacía en Europa tanto en la dimensión económico-política como en, lo que no es menos importante, la composición políticoburocrática de aquel organismo. Por otro lado, la política de austeridad no lleva más que al aprovechamiento carroñero, por parte de los bancos de raigambre alemana y francesa, de la agónica situación creada, sobre la cual han eludido su responsabilidad de acreedores de entidades en quiebra (tales como Bankia).

Bajo una perspectiva acorde con el proyecto de la Unión Europea, el BCE no debería responder a intereses parciales nacionales, sino a la Eurozona como un todo. Su apuesta por la recuperación, según la conveniencia macroeconómica capitalista, debería ser rápida y decidida como ocurre en EEUU y en Japón. Como hemos mostrado, el principal obstáculo es la política alemana, y para vencerlo basta con incidir en aquello que la mueve. Hay que conseguir que su economía sienta de forma clara que su política anti-europeísta es desastrosa para ella. Esto es algo a lo que aún no se ha atrevido ninguno de los estados subyugados por la sangría de la austeridad, tal vez porque sus dirigentes no son buenos estadistas ni tienen la suficiente valentía. Una posible solución consiste en promover públicamente, y por parte de las mayores figuras del estado español, el consumo de la producción y la tecnología nacionales. No se trata de un boicot, sino de una priorización, de forma que la industria que exporte a España, como la alemana, se resienta solo en la medida en que sus productos sean sustituibles por alternativas nacionales. Naturalmente, la política de austeridad ya tiene como consecuencia indefectible una disminución del consumo y la inversión españolas, por lo que Alemania ya se resiente por ello. Sin embargo, el efecto parece que aún no ha movilizado suficientemente la conciencia de la elite políticoempresarial alemana. Es por ello que debe agravarse, pues así se darán cuenta de una vez por todas que el BCE debe actuar sobre la Eurozona como una unidad, y que la banca alemana y francesa fue tan irresponsable como la española cuando concedió créditos masivos sin evaluar sus riesgos.

Juan C. Valls

Puedes citar este artículo como:

Valls, J. C. “La solución a la crisis de la Eurozona”, La prisión mental. URL: https://laprisionmental.wordpress.com/2013/05/15/la-solucion-a-la-crisis-de-la-eurozona/.


Documentales que todo el mundo debería ver

noviembre 20, 2012

Nada es mejor que un libro bien documentado para comprender con un mínimo de profundidad cualquier tema. Sin embargo, no solo de libros vive el hombre. A lo largo de varios años he recopilado algunos documentales que me parecen muy interesantes para entender mejor el mundo en el que vivimos en poco tiempo y sin demasiado esfuerzo. Aquí os ofrezco una lista de los mismos, que además he ordenado para favorecer una comprensión gradual de los grandes problemas económicos —de orden sistémico-ideológico—  que padece nuestra civilización.

La historia de las cosas:

Inflación:

El dinero es deuda:

La corporación:

Obsolescencia programada:

Las causas del hambre en el mundo:

Especulación alimentaria:

Inside Job:

Sobredosis:

La doctrina del shock:

Deudocracia:

Catastroika:

Petróleo: el fin de una era

Un crudo despertar: el declive del petróleo


¿Qué es el neoliberalismo y cuál es su programa?

diciembre 30, 2011

El neoliberalismo es, según David Harvey (2005):

una teoría de prácticas político-económicas que afirma que la mejor manera de promover el bienestar del ser humano consiste en no restringir el libre desarrollo de las capacidades y de las libertades empresariales del individuo dentro de un marco institucional caracterizado por derechos de propiedad privada fuertes, mercados libres y libertad de comercio… La intervención estatal en los mercados (una vez creados) debe ser mínima porque, de acuerdo con esta teoría, el Estado no puede en modo alguno obtener la información necesaria para anticiparse a las señales del mercado (los precios) y porque es inevitable que poderosos grupos de interés distorsionen y condicionen estas intervenciones estatales (en particular en los sistemas democráticos) atendiendo a su propio beneficio.

Su origen como corpus doctrinario se remonta a los gobiernos de Margaret Thatcher (Reino Unido) y Ronald Reagan (EEUU), que a comienzos de los años 80 iniciaron una transformación en el seno del capitalismo vigente al poner en práctica las ideas de economistas como Milton Friedman y Friedrich Hayek.

Desde finales de la Segunda Guerra Mundial hasta los años 70, el capitalismo occidental se había caracterizado por la aplicación de algunas tesis del economista John Maynard Keynes que defendían el papel del Estado como promotor del empleo y guardián del sistema capitalista. Para ello, el estado intervenía considerablemente en la economía, financiando el llamado estado del bienestar (pleno empleo y servicios sociales públicos) y fomentando la actividad económica cuando el capitalismo alcanzaba las fases recesivas de su ciclo de vida (crisis). De esta forma, el estado evitaba que durante las crisis se produjera la temible paradoja del ahorro, una trampa en la que el ahorro se convierte en un factor negativo que puede acabar con la economía.

La paradoja del ahorro nos dice que el aumento del ahorro debido a las malas expectativas sobre la economía futura (algo que sucede en las crisis) hace que se reduzca el consumo y la inversión y, en consecuencia, acaben cerrándose empresas y aumentando el desempleo, lo que a su vez reduce esta demanda agregada y así circularmente. Bajo la doctrina keynesiana, esta espiral dañina era interrumpida con la inversión estatal en sectores productivos a base de una deuda pública que sería pagada durante la fase de bonanza. Así, cuando todo comenzara a ir bien, el estado obtendría grandes ingresos a través de un nivel alto de impuestos a las empresas y los capitales.

Hacia la década de los 70, sin embargo, este capitalismo sostenido fuertemente por el estado comenzó a mostrarse incapaz de resolver fenómenos como la estanflación, esto es, la presencia simultánea de inflación (aumento generalizado de los precios) y estancamiento de la economía (crecimiento prácticamente nulo). Esta debilidad de las propuestas keynesianas permitió que ideas económicas más cercanas al liberalismo clásico volvieran a adquirir influencia entre los mandatarios y altos burócratas. De manos de  economistas conservadores como Milton Friedman y Friedrich Hayek, surgieron fuertes críticas al keynesianismo por defender la intervención del estado en la economía.

El neoliberalismo, pues, consiste en una recuperación de las convicciones liberales clásicas bajo nuevas propuestas teóricas en su misma tradición. Los principios fundamentales del liberalismo económico clásico son dos:

  1. Laissez faire. Literalmente, “dejad hacer”. Es decir, defiende dejar que los mercados funcionen libremente sin que el estado intervenga en ellos. Los liberales están convencidos de que los mercados libres se autorregulan y dan lugar a una asignación óptima (eficiencia máxima) de los recursos económicos.
  2. Estado mínimo. Para el liberalismo clásico manchesteriano y el neoliberalismo, el estado ha de ser lo más pequeño posible para que su actividad no interfiera con el mercado. Solo debería tener funciones básicas como la protección de la propiedad privada y el cumplimiento de los contratos. Para estos liberales, el estado no debería ofrecer bienes y servicios, pues lo haría de forma ineficiente y, además, impediría que las empresas privadas pudieran competir adecuadamente en dichos sectores. Por otro lado, los impuestos tendrían que ser los mínimos necesarios para sostener el sistema judicial, la policía, el ejército y la construcción de infraestructuras que favoreciesen el comercio.

Tomando como punto de partida estos principios y las teorías económicas basadas en ellos, el neoliberalismo sostiene frente al keynesianismo que (Palley, 2004):

  • Los factores de producción (trabajo y capital) se pagan conforme a su valor. Es decir, un trabajador cobra lo que el mercado dice que vale su trabajo según la oferta y la demanda. La distribución del ingreso se debe, por tanto, al valor de cambio mercantil. El keynesianismo europeo, por el contrario, afirma que la distribución del ingreso se debe a factores institucionales y al poder de negociación de las partes.
  • Las economías libres se ajustan de forma automática al pleno empleo, pues el mercado no prescinde de recursos valiosos como el trabajo. Los keynesianos, sin embargo, sostienen que la actividad económica y el empleo se deben sobre todo al nivel de demanda agregada, que acaba sufriendo fluctuaciones catastróficas  que solo el estado puede paliar.

El programa del neoliberalismo busca aplicar sus principios fundamentales (laissez faire y estado mínimo) en todo el mundo, para lo cual propone:

  • Privatización de todas las partes del estado que permita la coyuntura actual, salvo el aparato judicial, las fuerzas policiales y el ejército. (No obstante, en última instancia también se busca su privatización; véanse, por ejemplo, las agencias privadas de mercenarios que EEUU contrató para la guerra de Irak).
  • Desregulación de los mercados y libre circulación de capitales, esto es, eliminación a nivel regional e internacional de inspecciones, controles y cargas estatales sobre las operaciones financieras y mercantiles.
  • Reducción de los impuestos a la actividad empresarial y al capital.
  • Intensificación del comercio local e internacional mediante tratados de libre comercio y organismos supranacionales como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial.
  • Eliminación del estado del bienestar (salud, pensiones, educación y otros servicios sociales públicos) en beneficio de sus correspondientes alternativas privadas.
  • Desincentivación o limitación del sindicalismo y otros derechos sociales relacionados con el trabajo y su poder de negociación.
  • Sostenimiento del sistema bancario a través de la intervención estatal por medio de los bancos centrales como prestamistas de última instancia y mantenimiento de la titularidad privada de las sociedades y bancos rescatados.
  • Reducción del papel del estado a árbitro de intereses económicos en pugna y a protector de la propiedad privada, la estabilidad social (paz entre clases sociales), la libertad empresarial, la libertad de comercio y el cumplimiento de los contratos a través de la policía, el aparato judicial y el ejército.

Esto es básicamente lo que propone la doctrina política conocida como neoliberalismo. Así todo, entre sus impulsores existen también divergencias, sobre todo en cuanto al papel de los bancos centrales y la reducción del estado. En algunos casos, se defiende incluso la completa eliminación del estado sin menoscabo del capitalismo, algo que sus proponentes han venido a llamar —suscitando la indignación de los anarquistas— anarcocapitalismo.

Juan C. Valls

Puedes citar este artículo como:

Valls, J. C. “¿Qué es el neoliberalismo y cuál es su programa?”, La prisión mental. URL: https://laprisionmental.wordpress.com/2011/12/30/que-es-el-neoliberalismo-y-cual-es-su-programa/.


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