Ante las amenazas de despido por hacer huelga, ¡graba y denuncia!

noviembre 6, 2012

Cuando un jefe habla contigo en calidad de empleado, es decir, como parte de una comunicación profesional, las conversaciones grabadas sin consentimiento expreso suelen ser admitidas en los juicios. Todos sabemos que antes de las huelgas muchas empresas se saltan la ley a la torera obligando a los trabajadores a comunicar si hará huelga o no (firmando una hoja en algunos casos) o incluso amenazándolos con el despido si la secundan. Ante estos casos, conoce tus derechos y empléalos de una vez para defender lo que es tuyo.

Durante estos días previos a la huelga, estate atento para grabar cualquier comunicación personal en la que pueda atisbarse una amenaza de despido por parte de tus jefes. Por otra parte, si te hacen firmar en una hoja, pide copia con un “recibí” por parte de la empresa, ya que estás en tu derecho de tener registro de todas las comunicaciones que realizas a la misma. Más tarde, si secundas la huelga y te despiden, podrás usar estas pruebas en un juicio contra la empresa por uso del despido como represión laboral. Recuerda también que en algunos casos podrás reclamar lo que te descuenten en ese día (por ejemplo, si la empresa cierra voluntariamente), así que consulta los sitios web que enlazo abajo.

Por otro lado, no olvides que uno puede hacerse inmune al despido si denuncia a la empresa ante Inspección de Trabajo por irregularidades que uno conozca. Igualmente, si promueves la defensa de los derechos de los trabajadores en la empresa registra todas las comunicaciones y campañas que hagas o recibas, pues ante un despido todo ello podría usarse como indicios de que has sido despedido ilegalmente.

Para conocer más información sobre tus derechos en el trabajo y todo lo que puedes hacer al respecto, recomiendo la siguiente web: http://laboro-spain.blogspot.com/

En cuanto a la huelga, son interesantes los artículos que tienen aquí: http://laboro-spain.blogspot.com/search/label/Huelga


El dinero no trabaja

abril 10, 2012

El roto - Mi trabajo de economistaLa ciencia económica ortodoxa —la que se enseña en las facultades universitarias— está profundamente emponzoñada por un juego de sombras y reflejos invertidos, pero la realidad se impone una y otra vez con pertinaz insistencia. No es el dinero el que produce, sino el trabajo. Nunca en la historia una sola moneda, un solo papel, un solo crédito digital han hecho nada sobre el mundo. Todo lo que ha existido, existe y existirá que no ha sido resultado de la acción bruta de la naturaleza ha sido fruto del trabajo humano colectivo acumulado a lo largo de innumerables generaciones.

En cambio, el reflejo invertido que aparece en los espejos de las teorías económicas mercantiles intenta hacernos creer que es el dinero el que produce, que es el capital el que genera la riqueza, que es el capitalista el que crea el empleo, que es el capitalismo el que nos da prosperidad y libertad. Bajo este prisma falsario, el valor no reside en el trabajo, sino en el intercambio basado en cromos que llamamos billetes, monedas o anotaciones en cuenta. Pero la realidad es tozuda: el trabajo no es un mero cromo, es la única actividad que genera riqueza. El intercambio mercantil capitalista, en cambio, no es otra cosa que el tráfico de influencias, poderes y servidumbres con que los capitalistas parasitan una y otra vez el trabajo de otros. El capitalista, mediante una inversión inicial de dinero propio (fruto del trabajo, de una explotación capitalista previa o de trapicheos ilegales) o ajeno (robado, regalado, prestado o creado mediante la magia de la reserva fraccionaria o los bancos centrales), se convierte en un parásito del trabajo de otros. Este trabajo, con el tiempo, no solo cubrirá la cantidad invertida inicialmente, sino que, más aún, dará lugar a un excedente que siempre se acumulará en sus manos. El capital inicial pone en marcha la máquina de explotación del trabajo ajeno y, merced a la legislación procapitalista de nuestros estados, tal injusticia resulta perfectamente legal e incluso recibe ingentes ayudas y estímulos públicos para que se desarrolle en toda su plenitud, con todas sus nefastas consecuencias de dislocación social. El capital entonces deviene en esencia de la riqueza, como en una metafísica idealista de baja estofa, mientras que el trabajo deviene en elemento secundario y subsidiario, un factor tan necesario como cualquier otro en la dinámica de acumulación y capitalización de los excedentes.

Elroto - Llegar a rico me costó lo vuestroLa falsa conciencia de este hecho pervierte nuestro juicio y nos lleva a ver el mundo siempre desde una óptica completamente aviesa. Cuando lo que importa es el capital, el trabajo no es más que una variable a alterar a placer por parte del capitalista y sus colaboradores institucionales con el objetivo de que los beneficios empresariales sean máximos. Ya no es el trabajo el verdadero y único productor de la riqueza, ya no es el medio de subsistencia de la mayor parte de personas de este mundo, tan solo es una variable anotada como gasto en la contabilidad empresarial. El trabajo, pese a ser la misma esencia de la empresa, la fuerza vital que la hace ser lo que es y no un mero edificio inerte, se transfigura para el capitalista en un gasto monetario a reducir siempre que pueda. Por eso desprecia tan coléricamente el sindicalismo, esto es, la organización de los trabajadores: porque es el único obstáculo que se interpone en sus intentos constantes de reducir el gasto laboral (salarios) con el objetivo de aumentar la tasa de explotación de la fuerza de trabajo ajena.

El dinero en realidad es un medio de cambio, un medio de pago, un patrón de valor y una forma de atesoramiento de la riqueza. No debemos perder nunca de vista esta verdad patente y cristalina: el dinero es ante todo un signo que nos resulta útil para ciertos menesteres, pero en sí mismo no vale nada. Todo lo que tenemos es fruto de la naturaleza y del trabajo colectivo acumulado a lo largo de las generaciones; un trabajo que, por medio de ciertas leyes, unos pocos con el suficiente dinero disponible para ser usado como capital pueden explotarlo injustamente y decir, literalmente, que les pertenece.

Juan C. Valls

Puedes citar este artículo como:

Valls, J. C. “El dinero no trabaja”, La prisión mental. URL: https://laprisionmental.wordpress.com/2012/04/10/el-dinero-no-trabaja/.


¡Quejicosos del mundo, uníos!

septiembre 6, 2010

“Los sindicatos son unos vendidos. Tendrían que haber salido antes, cuando el paro empezó a crecer”. Es frecuente escuchar este tipo de comentarios tanto en la calle como en los foros de internet. Hasta cierto punto encierran algo de verdad, puesto que el sistema político y económico en el que vivimos reúne las condiciones perfectas para que se dé este problema. Pero dejando esto a un lado, ¿es que acaso hacemos algo nosotros para defender nuestros derechos? ¿por qué habríamos de esperar que otros lo hicieran si ni siquiera nosotros, los mayores interesados, lo hacemos?

Se nos llena la boca constantemente de quejas, críticas, exigencias y reclamaciones airadas contra el resto del mundo, pero cuando se trata de levantar el culo, de hacer algo más que quejarse al viento, aquí nadie mueve un puto dedo. Sí, digo nadie porque la insignificante minoría que se mueve no solo no obtiene reconocimiento por su labor, antes bien es increpada y señalada como responsable del problema. Aquí todos somos tan listos que para hacer lo que nos gusta invertimos mucho tiempo y esfuerzo, mientras que para defender las cosas que hacen esto posible, nuestros derechos, delegamos y decimos “¡ah! que me defiendan otros, que yo bastante tengo con pagar mis impuestos”.

Sí, señores, parece que con votar cada cuatro años o pagar impuestos la responsabilidad de defender los derechos de uno ya es cosa de otros. ¿Qué es eso de manifestaciones? ¿Qué es eso de concentraciones? ¿Qué es eso de hacer huelgas? ¡Eso que lo hagan los sindicatos, que para eso reciben dinero de nuestros impuestos! ¡Eso que lo hagan los jóvenes! ¡Eso que lo hagan las asociaciones de activistas! En definitiva, ¡eso que lo hagan otros!

Qué bonito, ¿verdad? Todo esto sería perfecto en un mundo en el que unos cuantos profesionales sindicales pudieran hacer la presión suficiente para defender a los trabajadores de todo un país. Pero resulta que nuestro mundo es distinto y aquí lo que cuentan son las multitudes con cara de mala leche (y a veces ni eso). Aquí, para defender los derechos de uno hay que mover el culo y percatarse de que muchas organizaciones llevan convocando manifestaciones desde que comenzó la crisis. Hay que tener un mínimo de interés y darse cuenta de que algunas personas se han movido todo este tiempo mientras el resto no hacía más que quejarse. Y hay que tener la cara muy dura para que, después de no haber hecho una mierda por defender los derechos de uno mismo —no ya del resto—, se critique a diestro y siniestro ¡por no haberlo hecho en su lugar! Debe de ser que ir a una manifestación es una actividad que requiere un gran esfuerzo físico. O quizás es que eso de defender derechos es algo aburrido y poco interesante, nunca comparable al paseíllo de 23 individuos vestidos de rojo sobre un autocar. O tal vez es que una gran mayoría de personas apenas se plantea cuestiones tan etéreas… Probablemente es que nuestras sociedades no están formadas por personas responsables, sino por autómatas de trabajodiversión para los que cualquier otra cosa debe ser responsabilidad del indispensable papá estado y sus ramificaciones burocráticas. ¿Manifestarse? ¿Hacer huelgas? ¡Que el gobierno cree un ministerio para eso!

Parece que en el tiempo en que nos ha tocado vivir ya no hay trabajadores que respondan a la llamada de unión de los proletarios; solo hay quejicas en distintos grados. Así pues, como uno que se acaba de quejar y que ha tomado conciencia de su condición de quejica, solo me resta convocaros al grito de:

¡Quejicosos del mundo, uníos!

Juan C. V.


A %d blogueros les gusta esto: