Unión, Organización y… ¡Acción!

septiembre 27, 2010

Recientemente hemos conocido otra lamentable noticia para el ciudadano de a pie: la luz va a subir cerca de un 5% y se prevé que seguirá subiendo. De nuevo he podido leer numerosas quejas y muestras de indignación en foros y diarios de Internet, pero ¿de qué nos sirve quejarnos si no hacemos algo que les duela a los responsables? La crítica y la queja es el primer paso, pero quedarse ahí solo contribuye a que todo siga igual. Por eso debemos despertar y levantarnos. Unirnos y organizarnos. Reflexionar y rebelarnos. Una sociedad verdaderamente libre es una sociedad en constante y perpetua rebelión. Rebelión contra la arbitrariedad, contra la injusticia, contra el abuso, contra el expolio, contra los que se aprovechan del resto.

La crítica racional, la reflexión y la comprensión de las causas y las consecuencias deben servirnos no solo para ser conscientes de nuestra condición, sino también para impulsarnos hacia la unión, la defensa y la lucha. Los ciudadanos de a pie —los trabajadores en activo o en paro, los ancianos, las/os amas de casa, los estudiantes, etc.— somos individualmente tan débiles que se nos puede aplastar fácilmente, pero tenemos algo que no tienen los de arriba: número. Somos tantos los que pasamos por la vida como hormiguitas que, si nos uniéramos, podríamos deshacernos fácilmente de esos poderes que nos constriñen. Al margen de todo lo que nos diferencia, de nuestras infinitas personalidades, gustos, pensamientos, conductas e ideologías, tenemos algo en común. Todos nosotros somos los que siempre damos más de lo que recibimos. Somos los que sufrimos el robo legal permanente en forma de sueldos precarios, de impuestos, de deuda, de arbitrariedad laboral, de injusticia normativa… Así que ha llegado la hora de decir ¡Basta ya! en la calle. En esa calle que no visitamos desde hace tiempo y que precisamente hemos creado a cada paso, a cada suspiro y a cada gota de nuestro sudor.

La unión nos convierte en una masa decidida en la calle, pero esto a veces es difícil de lograr. Por este motivo es importante la organización. Si queremos unirnos eficazmente, hacernos oír o actuar donde más les duele (en los bolsillos), es de gran ayuda estar organizados previamente, ya sea en asociaciones de vecinos, de consumidores, de ecologistas o de lo que más te guste. Lo importante es que esas asociaciones estén bien engrasadas, pues así nos servirán para mantenernos informados y para reunirnos cuando sea necesario.

En cualquier caso, no hace falta ser miembro de una asociación para ser una persona activa; basta con tener un mínimo de interés por la sociedad y por ti mismo, pues eso te llevará a encontrar otras personas que no se arrastren perrunamente por el camino marcado. Aunque no lo creas, actuar en favor de la sociedad en general redunda también en tu propio beneficio. Es más, te permite conocer personas de todo tipo, escapar de la gris rutina de trabajo-consumo, descubrir nuevas ideas y, en definitiva, actuar junto a gente que derrocha vitalidad e iniciativa.

Organizados o no, podemos hacer algo más que lloriquear frente a la pantalla del ordenador. Salir a la calle a defender nuestros derechos no suele suponer más que un rato que bien puede pasarse con los amigos. Si la agresión es demasiado fuerte y atenta contra lo más básico, entonces solo nos quedará la huelga como medida de presión efectiva, pues es la única que afecta al funcionamiento del estado y al bolsillo de los grandes empresarios. Es cierto que también nosotros perderemos el sueldo de ese día, pero esto no será nada comparable a lo que perderemos si fracasamos.

Así pues, muévete de una vez. Sal a la calle para algo más que para consumir. Grita, protesta, defiende tus derechos en manifestaciones, sentadas, concentraciones, huelgas, charlas o lo que te dé la gana. El 29S, por ejemplo, habrá manifestaciones en todas las capitales de provincia. No seas la vergüenza de tus antepasados, que derramaron sangre y lágrimas por lo que hoy disfrutas. No te conviertas en un pedazo de carne entregado a la ignorancia y al derrotismo. Que no te engañen. Que no te desaminen. Infórmate y discute. Comprende y actúa como alguien digno de ser llamado persona. No importa tu ideología, el color de tu piel o el de tus bragas. Es la hora de mover el culo. Es la hora de luchar.

¡Que tiemble la calle!

Juan C. V.


¡Quejicosos del mundo, uníos!

septiembre 6, 2010

“Los sindicatos son unos vendidos. Tendrían que haber salido antes, cuando el paro empezó a crecer”. Es frecuente escuchar este tipo de comentarios tanto en la calle como en los foros de internet. Hasta cierto punto encierran algo de verdad, puesto que el sistema político y económico en el que vivimos reúne las condiciones perfectas para que se dé este problema. Pero dejando esto a un lado, ¿es que acaso hacemos algo nosotros para defender nuestros derechos? ¿por qué habríamos de esperar que otros lo hicieran si ni siquiera nosotros, los mayores interesados, lo hacemos?

Se nos llena la boca constantemente de quejas, críticas, exigencias y reclamaciones airadas contra el resto del mundo, pero cuando se trata de levantar el culo, de hacer algo más que quejarse al viento, aquí nadie mueve un puto dedo. Sí, digo nadie porque la insignificante minoría que se mueve no solo no obtiene reconocimiento por su labor, antes bien es increpada y señalada como responsable del problema. Aquí todos somos tan listos que para hacer lo que nos gusta invertimos mucho tiempo y esfuerzo, mientras que para defender las cosas que hacen esto posible, nuestros derechos, delegamos y decimos “¡ah! que me defiendan otros, que yo bastante tengo con pagar mis impuestos”.

Sí, señores, parece que con votar cada cuatro años o pagar impuestos la responsabilidad de defender los derechos de uno ya es cosa de otros. ¿Qué es eso de manifestaciones? ¿Qué es eso de concentraciones? ¿Qué es eso de hacer huelgas? ¡Eso que lo hagan los sindicatos, que para eso reciben dinero de nuestros impuestos! ¡Eso que lo hagan los jóvenes! ¡Eso que lo hagan las asociaciones de activistas! En definitiva, ¡eso que lo hagan otros!

Qué bonito, ¿verdad? Todo esto sería perfecto en un mundo en el que unos cuantos profesionales sindicales pudieran hacer la presión suficiente para defender a los trabajadores de todo un país. Pero resulta que nuestro mundo es distinto y aquí lo que cuentan son las multitudes con cara de mala leche (y a veces ni eso). Aquí, para defender los derechos de uno hay que mover el culo y percatarse de que muchas organizaciones llevan convocando manifestaciones desde que comenzó la crisis. Hay que tener un mínimo de interés y darse cuenta de que algunas personas se han movido todo este tiempo mientras el resto no hacía más que quejarse. Y hay que tener la cara muy dura para que, después de no haber hecho una mierda por defender los derechos de uno mismo —no ya del resto—, se critique a diestro y siniestro ¡por no haberlo hecho en su lugar! Debe de ser que ir a una manifestación es una actividad que requiere un gran esfuerzo físico. O quizás es que eso de defender derechos es algo aburrido y poco interesante, nunca comparable al paseíllo de 23 individuos vestidos de rojo sobre un autocar. O tal vez es que una gran mayoría de personas apenas se plantea cuestiones tan etéreas… Probablemente es que nuestras sociedades no están formadas por personas responsables, sino por autómatas de trabajodiversión para los que cualquier otra cosa debe ser responsabilidad del indispensable papá estado y sus ramificaciones burocráticas. ¿Manifestarse? ¿Hacer huelgas? ¡Que el gobierno cree un ministerio para eso!

Parece que en el tiempo en que nos ha tocado vivir ya no hay trabajadores que respondan a la llamada de unión de los proletarios; solo hay quejicas en distintos grados. Así pues, como uno que se acaba de quejar y que ha tomado conciencia de su condición de quejica, solo me resta convocaros al grito de:

¡Quejicosos del mundo, uníos!

Juan C. V.


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