Cómo combatir las excusas para no ir a una manifestación

mayo 10, 2011

Viñeta de El Roto¿Cómo lograr que tus amigos y conocidos, poco dados a defender sus derechos, vayan contigo a una manifestación? Una forma sería conseguir que leyesen textos del estilo del ¡Quejicosos del mundo, uníos! que escribí hace un tiempo, los cuales abundan en Internet; pero hay gente demasiado anquilosada… Aparte de los argumentos para ir, que seguro tendrás y tu amigo probablemente conocerá ya, es muy importante afrontar dos tendencias de la psique humana: la de reducir al máximo el esfuerzo (dolor) y la de aumentar al máximo el disfrute (placer). ¿Qué ocurre a este respecto cuando hablamos de manifestaciones? Pues muy sencillo. Aunque tu amigo esté de acuerdo con los argumentos o reivindicaciones, probablemente se vea afectado por los siguientes prejuicios:

  1. Una manifestación es algo serio que requiere ir a un sitio y andar más o menos despacio durante un cierto tiempo (esfuerzo).
  2. Una manifestación es algo serio, más bien aburrido (displacer).

Pero nadie suele declarar honestamente tales razones para no ir a una manifestación. Antes bien, la gente suele elaborar una excusa tras otra, a cual más sofisticada, para no ir y no parecer que simplemente quiere quedarse en casa cómodamente o hacer cualquier otra cosa trivial.

A continuación repaso algunas de las excusas típicas junto con algunas formas de combatirlas:

  • “No sirve para nada”. Pensar eso mismo es lo que hace que no sirva para nada, sobre todo si lo piensa mucha gente. Esto es lo que se llama una profecía autocumplida. Frente a esto, hay que moverse. ¡El camino se hace caminando!
  • “Es que no creo que vaya a ir mucha gente”. Típica excusa de la mentalidad rebaño. ¿Vas a la manifestación por convicción o solo como una oveja que busca la multitud? Se trata de salir por convicción propia, no por calor borrego. Además, esta excusa lleva nuevamente a una profecía autocumplida. Si todos pensamos así, de seguro que no habrá mucha gente. No hay que caer en la trampa de estos pensamientos autodesactivadores.
  • “Tengo cosas que hacer”. Vaya, tienes cosas que hacer justo cuando tienes que defender aspectos trascendentales para tu vida. Espero que esas cosas sean mucho más importantes. Por cierto, si tienes tantas cosas que hacer, ¿por qué te fuiste ayer de fiesta toda la tarde-noche? Ah, y sí, las dos horas que puede durar la manifestación seguro que te impedirán hacer esas cosas tan importantes
  • “Yo ya he ido a una; ya he cumplido”. Toma ya. O sea, que vas a las manifestaciones por cumplir… ¿También te dejas explotar por cumplir? Pensaba que salías para reivindicar algo.
  • “Yo iré a la siguiente”. El perro también se comió tus deberes, ¿verdad?
  • “Esto tiene que solucionarse con métodos más contundentes, no con manifestaciones”. Te habrás quedado en la gloria, ¡qué gran excusa! Leámosla otra vez: “no voy porque hay que hacer algo más fuerte”. Hay que hacer, o sea, que lo hagan los demás.  El heraldo de la paz ahora aboga solapadamente por la violencia y luego, cuando se usa, la cataloga como vandalismo… Eso evidencia que se trata tan solo de una excusa barata.
  • “La gente está dormida, no vamos a conseguir nada, España es un país de borregos, aquí nadie se mueve, bla, bla, bla”. Esta es la descripción perfecta de uno mismo erigida como excusa: quiero estar dormido, soy un borrego, no me quiero mover. Es un mezcluje de excusas anteriores. La excusa típica del que se cree un perspicaz analista de la situación. Solo habla y habla y nunca se mueve. También es la excusa del típico revolucionario de sofá y del estirado prócer que no se considera afectado por los problemas que sufre en secreto.
  • “La política se hace en las instituciones, no en la calle”. Palabra de Dios. Te alabamos, Señor. Es aconsejable regalar un libro de historia a los que se excusan así. Tal vez se den cuenta de que casi todas las mejoras importantes que hemos logrado a lo largo de los siglos han sido arrebatadas a los gobernantes de turno luchando en la calle.

Cuando alguien ha sido derrotado en todas estas excusas, probablemente se refugie en la sinceridad total y diga algo así como “no me apetece” o “prefiero ver el partido”. Entonces es cuando habremos de reprobarle moralmente su actitud, pues se estará mostrando claramente como alguien que no hace aquello que le compete directamente. Pura desidia, irresponsabilidad, comodidad y disfrute a corto plazo, pese a que estén en juego sus condiciones de vida futuras… (Y el futuro es más largo que el presente).

Pero si aun así no accede o no parece muy convencido, entonces hay que usar la psicología. No tenemos por qué ver las manifestaciones con los prejuicios antes indicados. Podemos verlas desde otras perspectivas, como:

  • Un paseo con los amigos para después ir todos juntos a tomar algo.
  • Una forma de conocer gente.
  • Un evento con el que salir de la rutina.
  • Una forma de reencontrarse con el espíritu colectivo más allá de los botellones y las discotecas.

En conclusión, si a uno le afectan los problemas que se denuncian o está de acuerdo con las reivindicaciones:

No tiene excusas. ¡Que salga ya a la puta calle!

Y así habrá que decírselo.

Juan C. V.

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